Vida buena

Carmen Madorrán Ayerra

La vida buena es un término que remite a la universal aspiración humana a la felicidad. Más allá de ese anhelo común, es complicado –si no imposible– tratar de definir qué es la vida buena. Pero podría reconducirse a la felicidad, como recordaba Aristóteles, en tanto que aquello que no responde a ningún para qué: a diferencia de otras muchas cosas que hacemos para alcanzar un fin posterior, no tiene sentido preguntar para qué ser feliz, para qué perseguir una vida buena o tratar de organizar nuestras sociedades de manera que amplíen las posibilidades de una vida buena entre sus habitantes. 

Lo que sí sabemos es que la vida buena es una pregunta fundacional para la filosofía, un asunto que ha aparecido con distintos nombres en tradiciones culturales y de pensamiento distantes: donde en Europa hablamos de vida buena, en otros lugares se emplean los términos Sumak kausay (quechua), Suma qamaña (aymara) o Küme mogen (mapudungún). Esto no quiere decir que las nociones que los distintos autores/as y culturas manejan sea del todo coincidentes. De hecho, tampoco es así entre quienes reflexionan sobre la vida buena dentro de cada una de estas tradiciones. La imperecedera pregunta por la vida buena remite en la historia del pensamiento occidental a las corrientes estoica y hedonista, aunque su relevancia filosófica nos lleva sin duda a Aristóteles. De hecho, la ética aristotélica puede leerse como una indagación sobre la eudaimonía (que podemos entender como felicidad, vida buena o vida lograda), que él vinculó con la idea del florecimiento humano, del desarrollo de nuestras capacidades más elevadas. Lejos de ser un tema abandonado por la filosofía, encontramos una atención creciente hacia este asunto, especialmente desde perspectivas interdisciplinares, ya sea de la mano del enfoque de las capacidades, de los bienes básicos, de las necesidades, o de los elementos esenciales de la vida.

Un primer elemento que comparten las diversas nociones de vida buena es el impulso, la preocupación por el cómo he de vivir. Ese giro reflexivo sobre la propia vida, sobre los medios y fines que ponemos en juego, lo encontramos sintetizado en la sentencia socrática «una vida sin examen no merece la pena ser vivida». Es decir: una vida que reniegue de la pregunta por el cómo he de vivir es una vida sin sentido. Un segundo elemento ampliamente compartido entre las distintas formas de pensar la vida buena sería la conexión entre la indagación individual sobre el cómo he de vivir y la pregunta por la sociedad en que cualquier vida buena puede desarrollarse. Para Aristóteles la vida buena, entendida como un fin al que nos orientamos, es también una empresa colectiva ligada a la solidaridad. Por eso, la noción de vida buena remite a la ética, a la pregunta por el arte de vivir, pero también, y de forma necesaria, a la política entendida como la organización del buen gobierno de la comunidad. Esa conexión entre ética y política resulta clave a la hora de pensar la vida buena, pues acoge la socialidad constituyente de la condición humana, al no dar la espalda al hecho de que las posibilidades de existencia de cualquier concreción de la vida buena remitirían siempre a las comunidades en las que han de darse. A esto nos referimos contemporáneamente cuando hablamos de interdependencia: a la conciencia de que nuestro bienestar, que el curso de nuestra vida, está atravesado por la presencia de los otros. En este sentido, mi aspiración a la vida buena se entrecruza desde el primer momento con las de los demás y, por tanto, no puede ser ajena a la reflexión sobre las formas de organización de la vida colectiva. Además, es imprescindible tener en cuenta que cualquier pregunta por la vida buena hoy ha de formularse en este planeta finito con recursos limitados que compartimos con otras especies. Nuestro bienestar, como el del resto de seres vivos, no es independiente del devenir de los ecosistemas en los que vivimos y de los que dependemos, y por eso hablamos de ecodependencia.

Ahora bien, al margen de estos rasgos compartidos, los enfoques que estudian la vida buena son profundamente dispares. Podemos agrupar las aproximaciones en dos grandes tendencias. Por un lado, encontraremos aproximaciones que podrían llamarse positivas o directas a la pregunta por la vida buena, y que son aquellas que tratan de dar una definición precisa del contenido de esa vida buena (Madorrán, 2023). Este enfoque ha sido muy trabajado por las tradiciones religiosas monoteístas, por ejemplo. Se trata de una delimitación bastante concreta de cuáles son los vicios a evitar y las virtudes a cultivar para alcanzar esa vida lograda o vida buena. Por otro lado, abundan las aproximaciones negativas o indirectas a la pregunta por la vida buena, que renuncian a definir de forma cerrada qué es para el conjunto de seres humanos una vida buena. A partir de ahí, proceden indirectamente centrándose en examinar las condiciones indispensables para que cualquier concreción de vida buena sea posible. Este enfoque es el que cultivan los estudios sobre necesidades humanas (Sempere, 2009; Doyal y Gough, 1994), capacidades (Nussbaum, 2012; Sempere, 2009), bienes básicos (Skidelsky y Skidelsky, 2012), elementos esenciales para la vida (Raworth, 2018) o derechos humanos (Matthew Liao, 2015; Wark, 2011), por mencionar los más relevantes. Como vemos, esta segunda aproximación encaja mejor con sociedades plurales donde los proyectos de vida y de felicidad pueden ser muy dispares.

Bibliografía:

Aristóteles. (2019). Ética a Nicómaco, (A. Domínguez, Trad.). Guillermo Escolar y Mayo Editores.

Choquehuanca, D. (2010). Los 25 postulados para entender el modelo del Vivir Bien en Bolivia. La Razón.

Doyal, L. & Gough, I. (1994). Teoría de las necesidades humanas. Icaria y FUHEM.

Matthew Liao, S. (2015). Human Rights as Fundamental Conditions for a Good Life, en Cruft, Rowan, Liao, S. Matthew, Renzo, Massimo (Eds.), Philosophical Foundations of Human Rights, Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199688623.003.0004

Madorrán Ayerra, C. (2023). Necesidades ante la crisis ecosocial. Plaza y Valdés.

Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades. Paidós.

Raworth, K. (2018). Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI. Paidós.

Riechmann, J. (2011). ¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena. Los Libros de la Catarata.

Sempere, J. (2009). Mejor con menos. Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica. Crítica. 

Skidelsky, R, & Skidelsky, E. (2012). ¿Cuánto es suficiente? Qué se necesita para una buena vida. Crítica.

Tafalla, M. (2022). Filosofía ante la crisis ecológica. Una propuesta de convivencia con las demás especies. Plaza y Valdés Editores.

Wark, J. (2011). Manifiesto de derechos humanos. Ediciones Barataria.

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