RESTAURACIÓN DE ECOSISTEMAS

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Violeta Hevia

En el año 2004, la Sociedad internacional de restauración ecológica (SER) definió la restauración de ecosistemas como el proceso de asistir la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido, entendido como aquel que ha sufrido pérdidas significativas de sus características históricas, ya sean estructurales o de composición, o que ha modificado sus procesos ecológicos inherentes que regulan su desarrollo y dinámica (SERI, 2004). La restauración de ecosistemas cumple un papel de activador, iniciando o acelerando procesos que facilitan la recuperación del ecosistema, y teniendo en cuenta su propia capacidad de estabilización y autorregulación a corto, medio y largo plazo.

La restauración de ecosistemas puede diferir de otras propuestas de gestión de la naturaleza, como la renaturalización o la conservación. Mientras la restauración de ecosistemas se centra en recuperar áreas que han sido degradadas, restableciendo el equilibrio ecológico y la funcionalidad del ecosistema, la renaturalización busca restablecer procesos naturales con la mínima intervención humana directa posible, y la conservación de la naturaleza abarca una gama más diversa de medidas que persiguen evitar la pérdida irreversible de la biodiversidad y garantizar la continuidad de los ecosistemas y los servicios que brindan a la humanidad.

Además, para considerarse restauración de ecosistemas, la SER entiende que ésta debe fundamentarse en los siguientes principios:

  1. Debe basarse en criterios científicamente contrastados, lo cual exige que la restauración parta de una o varias hipótesis que ya hayan sido verificadas y sometidas al escrutinio público de la comunidad científica.
  2. Es necesario realizar un diagnóstico ecológico. Ya que cada caso es único, la restauración de ecosistemas debe contar con un diagnóstico específico del espacio a restaurar que ha de tener un enfoque holístico, en el que se contemplen las relaciones ecosistémicas, las necesidades socioeconómicas y el contexto histórico-cultural a distintas escalas. 
  3. Es necesario contar con un ecosistema de referencia, que define los procesos ecológicos que se deben recuperar. Un ecosistema de referencia es o un ecosistema real o una aproximación conceptual detallada que constituye la base para planificar un proyecto de restauración, sus objetivos y su evaluación. Existen cuatro tipos de ecosistemas de referencia: 1) autorreferente, cuando el ecosistema contiene zonas con condiciones intactas que le permiten ser su propio referente; 2) aquel del que sólo existe información (fotografías, documentos, etc.) que caracteriza al ecosistema previo al declive; 3) aquel en el que una proporción del ecosistema permanece intacta, sirviendo de referencia para otra que necesita restauración; y 4) el ecosistema referente cercano geográficamente y con condiciones físicas similares, al no existir información de las condiciones previas a la perturbación del ecosistema.
  4. La restauración de ecosistemas persigue una intervención mínima. Se identifica y se actúa sobre los procesos ecológicos clave que rigen el funcionamiento del ecosistema, activándose su capacidad de auto-regeneración. Se deben plantear actuaciones que permitan establecer mecanismos de mínima intervención también en la gestión futura.
  5. Deben marcarse fases en las que se pueda medir la evolución del ecosistema para que, en caso de producirse desviaciones respecto a los objetivos iniciales previstos, se puedan reorientar las medidas y acciones de restauración o incluso los objetivos (modelos de gestión adaptativa).
  6. Debe ser flexible y pragmática, de modo que se maximice la biodiversidad, los procesos ecológicos y la provisión de servicios ecosistémicos, teniendo en cuenta los marcos ecológico, socioeconómico y cultural.

La intervención que permite llevar a cabo una restauración de ecosistemas se puede clasificar en activa o pasiva:

  1. La restauración ecológica activa consiste en la intervención directa sobre la estructura y características del ecosistema degradado, con el fin de garantizar la existencia de un ecosistema estructurado y funcional. Un ejemplo de restauración activa sería la siembra (no plantación) de especies autóctonas en zonas donde el diagnóstico indica que apenas existen poblaciones fuente de determinadas especies que puedan facilitar una regeneración pasiva, lo que se traduce en la necesidad de intervenir si se desea la restauración de ese tipo de comunidades vegetales. Una vez aportadas las semillas, la recuperación del funcionamiento autónomo del ecosistema pasa por mantener estas siembras sin cuidados ni riegos regulares, de modo que sean las propias condiciones ambientales las que seleccionen las especies o individuos compatibles con el sistema.
  2. La restauración ecológica pasiva se centra en eliminar o minimizar las perturbaciones causantes de la degradación, dejando que el ecosistema degradado pueda recuperar por sí mismo su estructura y funcionalidad. Hay consenso en la comunidad científica en que esta posibilidad siempre debe contemplarse como primera opción, ya que en numerosas ocasiones sus resultados pueden ser comparables y con frecuencia superiores a los de la restauración activa.

La elección de restauración ecológica activa o pasiva depende del diagnóstico ecológico del espacio, considerando las opciones más realistas y viables en el plazo de tiempo disponible, y desde un punto de vista ambiental, económico, social y científico-técnico. 

Los equipos de profesionales encargados de realizar una restauración de ecosistemas se encargan de desarrollar estudios rigurosos de cada caso particular, plantear diagnósticos ecológicos certeros y dirigir la gestión adaptativa del proyecto para alcanzar los objetivos establecidos al inicio.

El plan de ejecución de los proyectos de restauración ecológica, incluyendo el plan de seguimiento y evaluación, debe estar sujeto a un adecuado marco temporal, acorde con los procesos, funciones y estructuras a recuperar en cada tipo de ecosistemas (Fig.1).

Figura 1. Marco temporal de planes y proyectos de Restauración Ecológica (Adaptado de Mola, I., Sopeña, A. y de Torre, R. (editores). 2018. Guía Práctica de Restauración Ecológica. Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica. Madrid. 77 pp).

Bibliografía

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Higgs, E., Falk, D. A., Guerrini, A. et al. (2014). The changing role of history in restoration ecology. Frontiers in Ecology and the Environment, 12(9), pp. 499-506.

Lammerant, J., Richard, P., Mark, S., Ben, D., Ian, D. y Guy, W. (2013). Implementation of 2020 EU Biodiversity Strategy: Priorities for the restoration of ecosystems and their services in the EU. Report to the European Commission. ARCADIS (in cooperation with ECNC and Eftec). 210 pp.

McDonald, T., Gann, G. D., Jonson, J. y Dixon, K. W. (2016). International standards for the practice of ecological restoration–including principles and key concepts. Washington D. C., Estados Unidos: Society for Ecological Restoration. 46 pp.

Mola, I., Sopeña, A. y de Torre, R. (editores). (2018). Guía Práctica de Restauración Ecológica. Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica. Madrid. 77 pp.

SERI (2004) The SER International primer on ecological restoration. In: International SfER (ed). http://www.ser.org. SERI, Tucson, AZ.

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