Colapso ecosocial 

Luis González Reyes 

El colapso de un orden social es el desmoronamiento, por causas mayoritariamente intrínsecas al sistema, de su orden político, económico y cultural. Ese proceso suele abarcar décadas, por lo que sucede de forma rápida en términos históricos, pero con lentitud en tiempos vitales. Durante y después del colapso se produce una situación abierta en la que surgen configuraciones sociales nuevas. Cuando se califica el final del Imperio Romano de Occidente como colapso, se habla de un cambio profundo del orden económico (del esclavismo, al servilismo), político (del imperio, al feudalismo) y cultural (de la cosmovisión clásica, a la medieval). Este desmoronamiento no tiene que ser total, pues siempre hay elementos de continuidad entre unos sistemas y otros. Así, tanto en la época clásica como en el medievo, el metabolismo social siguió siendo agrícola. De este modo, el colapso del vigente capitalismo global no tendría que implicar, por ejemplo, el fin del Estado, pero sí cambios profundos de éste. 

Un elemento central de esta transformación es que se produzca una pérdida de complejidad social en términos netos (Tainter, 2009), lo que no impide que en algunos aspectos esta pueda aumentar. Es más, la caída de órdenes sociales que degradan la trama de la vida suele venir acompañada por un incremento de la complejidad ecosistémica. La complejidad social se puede medir por cuatro indicadores (Fernández Durán y González Reyes, 2018): 

  • Número de nodos del sistema, por ejemplo, número de personas. A menos nodos, menos complejidad. De este modo, el colapso de nuestra sociedad implicaría una disminución poblacional. Pero este descenso puede transcurrir por trayectorias muy variadas, condicionadas en gran parte por los niveles de reparto y la velocidad de avance hacia modelos agroecológicos de la producción alimentaria. No implica necesariamente genocidios, ni hambrunas generalizadas. La reducción poblacional vendría impulsada por la incapacidad de sostener por parte de los ecosistemas a la actual cantidad de seres humanos en un contexto de crisis climática (pérdida de fertilidad de las cosechas: Ortiz-Bobea et al., 2021), ecosistémica (extinción de polinizadores: Diáz et al., 2019), material (límites para obtener fósforo: Ryszko et al., 2023) y energética (dependencia de la agroindustria de los derivados fósiles: IPES-Food, 2025). 
  • Interconexión entre los nodos. Menos interconexión implica menos complejidad. Sin un uso masivo del petróleo, las economías y sociedades serían más locales, y, desde esa perspectiva, más sencillas. Esto podría suceder debido a que ahora mismo no existen alternativas al petróleo para sostener una movilidad masiva, rápida y a largas distancias de mercancías, personas e información como la que requiere un modo de vida mayoritariamente urbano y globalizado (González Reyes y Almazán, 2023) (véanse Energías renovables y Decrecimiento). 
  • Nivel de especialización de los nodos. Las sociedades en las que las personas están más especializadas en sus tareas y habilidades son más complejas. Una sociedad más sencilla sería una más generalista. Los combustibles fósiles han permitido a la humanidad invertir muy poco esfuerzo en la obtención de energía (pocas personas trabajan en el sector de los hidrocarburos y de la alimentación). Esto ha posibilitado que el grueso de la sociedad se dedique a otras cosas muy diversas. Una sociedad basada en fuentes renovables, que dejan una menor cantidad de energía neta a la sociedad (de Castro, 2023) no podría sostener el actual nivel de especialización social. 
  • Información que fluye por el sistema. Este es el indicador más complejo, pues recoge la cantidad, calidad y topografía de cómo se distribuye dicha información. También si esa información se transforma o no en conocimiento. Las grandes cantidades de información disponibles en nuestra sociedad dependen de un despliegue tecnológico, el de las TIC, que tiene detrás unos fuertes y específicos requerimientos materiales y energéticos (UN, 2024). Todos esos contenidos, aunque los pudiésemos conservar, requerirían de sociedades complejas para su interpretación. Dicho de otro modo, si llegamos a conservar la información relativa a la física cuántica solo sería comprensible en una sociedad formada y especializada. 

En la definición de un término, muchas veces es más ilustrativo indicar lo que no es. A continuación, se describen varios procesos que no se pueden calificar como colapso social: 

  1. Un colapso social no es una crisis, que sería una situación de la que el sistema mantendría sus características esenciales y no habría una pérdida de complejidad importante. De este modo, la crisis del capitalismo de los años setenta, que dio lugar a la transición desde el keynesianismo al neoliberalismo, no fue un colapso, pues el orden social siguió estando marcado por el capitalismo. 
  1. Un colapso social no es una transformación en la que la sociedad experimente un salto adelante en complejidad cambiando algunos de sus elementos esenciales. Por ejemplo, la transformación del metabolismo agrario en uno de corte industrial que se empezó a desplegar en el siglo XVIII. 
  1. Un colapso tampoco es la invasión por una potencia extranjera, pues en este caso el cambio social fue por imposición externa. De este modo, cuando las sociedades aztecas, incas o de los pueblos sin Estado americanos se vinieron abajo por la conquista hispano-portuguesa, este fenómeno no se podría describir como colapso social. 
  1. En ocasiones, se afirma que ya hay muchas sociedades que han colapsado o que viven en un colapso constante dentro de nuestro sistema. Pero esto no es el colapso del capitalismo industrial global, sino su forma de funcionamiento, que requiere de la existencia de zonas de sacrificio. Estos espacios de degradación socioambiental han permitido que el sistema, como un todo, haya gozado de buena salud hasta hace poco. Nos referimos a colapso del sistema cuando este empieza a dejar de funcionar. En todo caso, las degradaciones territoriales y el colapso general están relacionados, pues son esas degeneraciones socioecológicas parciales las que terminan contribuyendo a que el conjunto del sistema sea inviable. 
  1. El colapso tampoco hace referencia a un episodio puntual homogéneo, una gran conflagración a partir de la cual todo lo que hemos conocido desaparece. El colapso es un proceso y no un suceso. Un proceso desigual a nivel temporal, espacial y social, con momentos y territorios de cambio más rápido, otros más lentos, e incluso etapas de recuperación temporal del orden pretérito. Además, nada impide que haya algunos lugares y sectores sociales que sostengan niveles altos de complejidad, mientras otros experimenten una disminución muy importante. 
  1. El colapso no es una suerte de determinismo energético, material o ecológico. A un tipo y cantidad de energía y materiales, y un grado de salud de los ecosistemas, no le corresponde un único modelo de organización social. No obstante, como todo proceso económico descansa sobre una serie de requerimientos materiales y energéticos y, además, toda sociedad es ecodependiente; la energía, los materiales y las funciones ecosistémicas disponibles configuran los límites de lo posible. Por debajo de ese límite, son los seres humanos quienes configuramos nuestras organizaciones políticas, económicas y culturales. Es más, la trayectoria de cualquier colapso es intrínsecamente impredecible: los sistemas complejos (y cualquier sociedad humana, incluso tras un proceso de colapso, es compleja) son inherentemente incontrolables (Meadows, 2022). 

En conclusión, el posible colapso de este orden social adoptaría la forma de deterioros severos pero progresivos (probablemente siguiendo una dinámica de crisis sucesivas) de algunos de los elementos claves para el mantenimiento del sistema (modelo agroalimentario, red global de extracción y distribución de la energía, sistema financiero, etc.), que tendrían efectos sensibles pero indeterminados e irregulares en el marco de las profundas desigualdades hoy existentes a nivel territorial, de clase, de género, de racialización, etc. Estos deterioros no se limitarían al ámbito físico-ecológico, sino que vendrían también mediados por las estructuras sociopolíticas existentes y, por tanto, darían lugar a procesos con efectos muy diversos y, sobre todo, absolutamente dependientes de los conflictos políticos y las correlaciones de fuerza existentes en cada momento y lugar. Asimismo, matizar que aunque la crisis ecológica esté en el corazón de la inviabilidad de este sistema, eso no implica que los conflictos que fuesen surgiendo la situasen necesariamente en el centro de la disputa política. 

Actualmente enfrentamos un contexto que presenta, por un lado, una fuerte extralimitación ecológica global de un calibre nunca antes alcanzado por ningún otro orden social (Sakschewski et al., 2025), lo que apunta a un reajuste muy complicado. Por otro, las bases de la vida sobre el planeta, de las que dependemos, han sufrido un considerable deterioro, siendo determinantes la pérdida de biodiversidad (Díaz et al., 2019) y el caos climático (Ripple et al., 2026). 

En ese contexto, en los últimos años se ha dado un debate en el Estado español, que también se reproduce a nivel internacional, sobre el uso del término “colapso” (no tanto sobre su definición). Por una parte, una corriente de pensamiento sostiene que es factible sostener una sociedad urbano-industrial con características similares a la actual apostando por un despliegue masivo de las energías renovables y de la electrificación de la economía. Las energías renovables, afirman, podrían a un tiempo permitir esquivar los peores escenarios climáticos y sustituir casi todos los usos actuales de los combustibles fósiles. Estas propuestas defienden una valoración contraria al uso del término colapso por considerarlo desmovilizador a nivel social y no adecuado para describir el momento presente (Santiago Muiño, 2023). 

En contraposición, otra línea de elaboración argumenta que el capitalismo urbano-global-industrial, que requiere ineludiblemente de un crecimiento sostenido, es incapaz de soslayar las crisis ambientales y está en trayectoria de colapso. Sostienen que las fuentes energéticas renovables mayoritarias tienen características físicas muy distintas a los fósiles, lo cual implica que permiten vidas humanas dignas, pero no el sostén de este sistema. El otro elemento relevante de este razonamiento sería que la economía circular, imprescindible en un planeta de recursos limitados, es imposible en un metabolismo industrial. Por ello, sí se considera que el término colapso es adecuado para describir este momento histórico. Así, los defensores de su uso convienen en que el futuro que se abriría estaría tremendamente abierto en lo político, probablemente mucho más de lo que lo estuvo en el siglo XX. Lejos de significar la obsolescencia de la política, el colapso de nuestro sistema haría, estaría haciendo ya, de ésta un elemento más central si cabe (González Reyes y Almazán, 2023). 

Bibliografía: 

De Castro, C. (2023). Límites y potenciales tecnosostenibles de la energía. Una mirada heterodoxa y sistémica. Arbor. https://doi.org/10.3989/arbor.2023.807004

Díaz, S., Settele, J., Brondízio, E. S., Ngo, H. T., Agard, J., Arneth, A., Balvanera, P., Brauman, K. A., Butchart, S. H. M., Chan, K. M. A., Garibaldi, L. A., Ichii, K., Liu, J., Subramanian, S. M., Midgley, G. F., Miloslavich, P., Molnár, Z., Obura, D., Pfaff, A., Polasky, S., Purvis, A., Razzaque, J., Reyers, B., Chowdhury, R. R., Shin, Y-J., Visseren-Hamakers, I., Willis, K. I. & Zayas, C. N. (2019). Pervasive human-driven decline of life on Earth points to the need for transformative change. Science. https://doi.org/10.1126/science.aax3100

González Reyes, L. & Almazán, A. (2023). Decrecimiento: del qué al cómo. Icaria. 

Fernández Durán, R. & González Reyes, L. (2018). En la espiral de la energía. Libros en Acción. 

IEA (2024). Global Critical Minerals Outlook 2024. IEA. 

IEA (2025). The Implications of Oil and Gas Field Decline Rates

IPES-Food (2025). Del combustible a la mesa. ¿Qué se necesita para eliminar los combustibles fósiles de los sistemas alimentarios? 

Meadows, D. (2022). Pensar en sistemas. Capitan Swing. Madrid. 

Nieto, J., Carpintero, Ó., Miguel, L. J. & de Blas, I. (2019). Macroeconomic modelling under energy constraints: Global low carbon transition scenarios. Energy Policy. https://doi.org/10.1016/j.enpol.2019.111090

Ortiz-Bobea, A., Ault, T. R., Carrillo, C. M., Chambers, R. G. & Lobell, D. B. (2021). Anthropogenic climate change has slowed global agricultural productivity growth. Nature Climate Change. https://doi.org/10.1038/s41558-021-01000-1

Ripple, W. J., Wolf, C., Rockström, J., Richardson, K., Wunderling, N., Gregg, J. W., Westerhold, T. & Schellnhuber, H. S. (2026). The risk of a hothouse Earth trajectory. One Earth, https://doi.org/10.1016/j.oneear.2025.101565

Ryszko, U., Rusek, P. & Kołodyńska, D. (2023). Quality of Phosphate Rocks from Various Deposits Used in Wet Phosphoric Acid and P-Fertilizer Production. Materials. https://doi.org/10.3390/ma16020793 

Sakschewski, B., Caesar, L., Andersen, L., Bechthold, M., Bergfeld, L., Beusen, A., Billing, M., Bodirsky, B., Botsyun, S., Dennis, D., Donges, J., Dou, X., Eriksson, A., Fetzer, I., Gerten, D., Häyhä, T., Hebden, S., Heckmann, T., Heilemann, A., Rockström, J. (2025). Planetary Health Check 2025 A Scientific Assessment of the State of the Planet. Potsdam Institute for Climate Impact Research. https://doi.org/10.48485/pik.2025.017

Santiago, E. (2023). Contra el mito del colapso ecológico. Arpa. 

Tainter, J. A. (2009). The Collapse of Complex Societies. Cambridge University Press. 

Turner, G. M. (2008). A comparison of The Limits to Growth with 30 years of reality. Glob. Environ. Change. https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2008.05.001

UN (2024). Digital economy report. United Nations. 

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