Metabolismo social

Pedro L. Lomas 

El metabolismo social es el proceso por el cual las sociedades utilizan materia y energía procedentes del medio como base material para su reproducción.  

Etimológicamente, la palabra metabolismo deriva del griego μεταβολή (metabole) que significa cambio, y el sufijo -ισμός (-ismos) que tiene que ver con las ideas de doctrina y escuela, pero también con las de sistema o movimiento. Se trata de un concepto que procede del ámbito de la Biología, y se usa para referirse a todos aquellos procesos fisicoquímicos que tienen lugar en los seres vivos, que proporcionan la energía y las moléculas necesarias para el desarrollo de estos. La idea de metabolismo no es, por tanto, de origen reciente, apareciendo ya en escritos médicos de la Antigua China o en los de los afamados médicos del mundo musulmán medieval (Ibn Sina, Ibn Nafis, etc.), aunque no sería hasta inicios del s. XIX cuando comienza a tener mayor difusión, en su versión moderna ligada a los descubrimientos sobre la química del cuerpo humano. A partir de esta concepción inicial también se expandió al nivel más reducido de la célula y al más amplio del metabolismo de los ecosistemas.  

En un plano social, se suele atribuir a Marx el hecho de ser quien, a partir de sus lecturas sobre distintas ciencias naturales (Liebig o Darwin, entre otros), en El Capital (Marx, 2000), plantearía la interrelación entre el ser humano y la naturaleza, mediada por el trabajo, en términos de metabolismo (stoffweschel). A partir de este concepto de Marx surgieron diversas líneas de trabajo.  

Por un lado, aquella en la cual se concibe el Capital como una forma histórica particular de reproducción del metabolismo social, sobre la cual teorizaría István Mészáros, un discípulo del marxista húngaro György Lukács (Mészáros, 1995).   

Por otra parte, no sin múltiples polémicas, diversos autores del ámbito del ecosocialismo se ocuparon de la presencia o no de la cuestión ambiental en el razonamiento marxiano. Por un lado, en la primera ola de los años 80 (Ted Benton, André Gorz o James O’Connor, por ejemplo), tratando de complementar el marxismo clásico con aspectos ecológicos, de los que argumentaban que carecía. De especial interés sería la teorización de una segunda contradicción en el capitalismo, entre el binomio clásico relaciones/fuerzas de producción y las propias condiciones materiales de producción (O’Connor, 1998). Por el otro lado, en la segunda ola del ecosocialismo, a partir de finales de los años 90 (Paul Burkett, Brett Clark o John Bellamy Foster, por ejemplo), partiendo de los razonamientos más o menos implícitos en Marx sobre naturaleza y ser humano, alrededor del concepto de brecha metabólica, según el cual la producción agrícola del capitalismo y división entre el campo y la ciudad creaban una brecha o ruptura entre el ser humano y la naturaleza (Bellamy Foster, 1999) (véase Naturalismo). 

En contraposición con esta escuela de índole marxista, y partiendo de la asunción de que ésta carecía de verdaderos fundamentos ecológicos, así como que sus presupuestos de carácter supuestamente productivistas eran, en gran medida, incompatibles con estos, desde otras coordenadas ideológicas, Martínez Alier y Schlüpmann (1991) recogen el trabajo de distintos autores de finales del s. XIX y principios del s. XX (Podolinski, Ostwald, Soddy, o Geddes, entre otros), que abrirían toda una línea de crítica a un modelo económico convencional que ignoraba los fundamentos biofísicos de la Economía (entendido en términos de metabolismo) que, a su vez, podían actuar como límites al crecimiento económico (K. Boulding, N. Georgescu-Roegen, H.E. Daly, etc.) en el ámbito de la sostenibilidad. Sus razonamientos constituirían algunos de los antecedentes de la Economía Ecológica moderna.  

También en otros ámbitos de las ciencias sociales como la Sociología, la Historia, la Antropología o la Demografía comenzaba a popularizarse el concepto de metabolismo social como una agrupación de diversos fenómenos de movilidad o cambios sociales (transiciones socioecológicas, transiciones metabólicas, etc.) más o menos abruptos, bajo el concepto de regímenes metabólicos (Fischer-Kowalski y Haberl, 2007; González de Molina y Toledo, 2014).  

Ya bien entrado el s. XX, dos propuestas comenzarían a generar análisis más concretos del metabolismo a distintas escalas. Por una parte, la relacionada con el metabolismo urbano, que concebía a las ciudades como una suerte de organismo que procesa materia y energía para garantizar su modo de vida (Kennedy et al. 2011); por la otra, la línea abierta mediante el denominado Metabolismo Industrial y la Ecología Industrial, que trataban de evidenciar los cambios sufridos en el procesamiento de materia y energía debido a la industrialización, así como su influencia en la alteración ambiental (Ayres, 1989; Clift y Druckman, 2016).  

Aunque son muchas las aproximaciones que abordan el metabolismo social, dos son las grandes escuelas que han surgido para tratar de aterrizar en la práctica, a través de su cuantificación, los planteamientos teóricos mencionados anteriormente (Gerber y Scheidel, 2018).  

En primer lugar, inspirada por muchos de los autores procedentes del ámbito de las Ciencias Sociales mencionados anteriormente, la que tiene su sede en el Instituto de Ecología Social de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena (Austria). Se trata de la denominada Escuela de Viena de Metabolismo Social, alrededor de la socióloga Marina Fischer-Kowalski. Esta escuela pretende complementar los indicadores monetarios habituales con indicadores biofísicos resultantes del estudio de los flujos y reservas (stocks) de materia y energía a distintas escalas (naciones, regiones, ciudades, etc.) y mediante diferentes aplicaciones (Haberl et al., 2019). Para ello ha desarrollado el denominado Análisis de los flujos de materia y energía (MEFA), similar al análisis económico convencional de reservas y flujos (stock-flow) que entran o salen de un determinado sistema.   

Inspirada por estos campos de conocimiento, pero también por las discusiones científicas dentro de los ámbitos de la Termodinámica del no equilibrio, la Teoría de Sistemas Complejos, la Ecología de Sistemas, así como la Bioeconomía (sensu Georgescu-Roegen), entre otros, la otra escuela es la que tiene su centro en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), alrededor del Ingeniero y biólogo italiano Mario Giampietro y el ingeniero y economista japonés Kozo Mayumi, de la Universidad de Tokushima (Japón). La denominada escuela de Barcelona de Metabolismo Social se articula alrededor de una visión más compleja del metabolismo, entendido como un conjunto de funciones expresadas por cualquier sistema complejo autoorganizado capaz de utilizar insumos de materia y energía y descargar desechos al medio ambiente para su reproducción, de acuerdo con la información almacenada en dicho sistema (Giampietro et al., 2014). Para ello han desarrollado la denominada Evaluación Integrada del Metabolismo de los Ecosistemas y la Sociedad (MuSIASEM) (Giampietro et al., 2014). A diferencia de la Escuela de Viena, la asociación entre metabolismo y reproducción del sistema analizado (la sociedad, por ejemplo) implica el uso de un modelo de flujos-fondos (Georgescu-Roegen, 1971) en el ámbito de la sostenibilidad. Los fondos (p.ej. la biomasa, suelo para una determinada actividad, tiempo de trabajo para una cierta actividad, población, etc.) serían aquellos aspectos del sistema que tienen que ser reproducidos (permanecen durante el proceso metabólico) y, por otro lado, los elementos cambiantes, los flujos, aquellos que son necesarios para la reproducción de los fondos (p.ej. el agua, la energía, el dinero, etc.). Así, no todas las configuraciones de flujos permiten el mantenimiento de los fondos y, por tanto, la deseabilidad (social), la viabilidad (económica) y la sostenibilidad (ambiental) del sistema analizado.  

Bibliografía: 

Ayres, R. U. (1989). Industrial metabolism. En J.H. Ausubel y H.E. Sladovich (eds.), Technology and Environment (pp. 23-49). National Academy Press. 

Bellamy Foster, J. (1999). Marx’s Theory of Metabolic Rift, American Journal of Sociology, 105(2): 366–405. 

Clift, R. & Druckman, A. (Eds.). (2016). Taking stock of Industrial Ecology. Springer. 

Fischer-Kowalski, M. & Haberl, H. (2007). Socioecological transitions and global change. Trajectories of Social Metabolism and land use. Edward Elgar Publishing.  

Fischer-Kowalski, M. & Haberl, H. (2015).  Social metabolism: a metric for biophysical growth and degrowth. Págs 100-138 en Martínez Alier, J. & Muradian, R. (Eds.). Handbook of Ecological Economics. Edwar Elgar Publishing.   

Georgescu-Roegen, N. (1971). The Entropy Law and the Economic Process, Harvard University Press. 

Gerber, J-F. & Scheidel, A. (2018). In search of substantive economics: Comparing today’s two major socio-metabolic approaches to the economy – MEFA and MuSIASEM, Ecological Economics, 144: 186-194. 

Giampietro, M., Aspinall, R. J., Ramos-Martín, J. & Bukkens, S. G. F. (Eds.) (2014). Resource Accounting for Sustainability Assessment: The Nexus between Energy, Food, Water and Land use. Routledge. 

González de Molina, M. & Toledo, V. M. (2015). The social metabolism. A social-ecological theory of historical change. Springer.  

Haberl, H., Wiedenhofer, D., Pauliuk, S., Krausmann, F., Müller, D. B. & Fischer Kowalski, M. (2019). Contributions of socio-metabolic research to sustainability science. Nature Sustainability, 2: 173-184. 

Kennedy, C., Pincetl, S. & Bunje, P. (2011). The study of urban metabolism and its applications to urban planning and design. Environmental Pollution, 159(8–9), 1965–1973. 

Martínez Alier, J. & Schlüpmann, K. (1991). La ecología y la economía, Fondo de Cultura Económica. 

Marx, K. (2000) [1867]. El Capital: Crítica de la Economía Política. Libro I, Tomo I, Akal. 

Mészáros, I. (1995). Beyond Capital: Toward a theory of transition, Monthly Review Press. 

O’Connor, J. (1998). Natural Causes: Essays in Ecological Marxism, Guilford Press. 

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