Economía ecológica

 

Pedro L. Lomas 

La Economía Ecológica es una disciplina que trata de reconciliar el razonamiento económico con la realidad biogeofísica o, dicho de otra manera, la Economía con la Ecología (esa Economía de la naturaleza, como algunos la conciben). Sus planteamientos oscilan entre la Economía Ambiental y de los Recursos Naturales, cuya crítica constituyó un primer paso de crítica hacia el modelo económico convencional; las Ciencias de la Sostenibilidad, donde se concibe como una entidad interdisciplinar con vocación transdisciplinar; o incluso como forma de Ciencia Posnormal, que pretende articular la investigación económica alrededor de la sostenibilidad en un marco de incertidumbre y valores en disputa cuando los riesgos de la acción/inacción son altos y las decisiones son urgentes. 

Desde las visiones convencionales se suele definir la Economía como el estudio de la asignación (optimización) de recursos escasos (escasez relativa) a fines alternativos, y al sistema económico como una relación entre distintas formas de Homo economicus (productores y consumidores) mediada por el mercado, cuyo objetivo es la obtención del máximo beneficio o utilidad. La relación entre productores y consumidores se define como un sistema cerrado y autosuficiente, en el que a un flujo interminable de bienes y servicios (productos y trabajo) le corresponde un flujo económico igualmente infinito que va en sentido inverso (precios y salarios), ignorando sistemáticamente el papel de la realidad biofísica en la economía.  

Dicha realidad, su naturaleza y la falta de reflejo en el razonamiento económico generaba un gran interés y, a la vez, insatisfacción en muchos autores la Economía clásica durante los siglos XVIII y XIX, como S. Jevons, A. Smith, J.S. Mill, T. Vleben o K. Marx, diversos autores del ámbito de la ciencia (por ejemplo, S. Podolinski o F. Soddy) o muchos economistas más modernos (K.W. Kapp, K. Polanyi o J.K. Galbraight, entre otros). De esa insatisfacción con el sistema económico convencional, que no permitía abordar sus relaciones con los crecientes problemas ambientales que se observaban ya en los años 60 y 70 del s. XX, así como de la crítica de los desarrollos teóricos de la Economía Ambiental y de los Recursos Naturales, que consideraban muy alineados con esa visión convencional, surge la Economía Ecológica (Martínez Alier y Schlüpmann, 1991; Naredo, 2015). En este contexto, diversas disciplinas tuvieron influencia sobre esa primera Economía Ecológica, especialmente, aunque no de modo exhaustivo, las que siguen: 

  • Física (Termodinámica). La segunda Ley de la Termodinámica formaliza la irreversibilidad de los procesos físicos (flecha del tiempo, incremento de la entropía) y los costes energéticos de la transformación y uso de la energía. El economista rumano N. Georgescu-Roegen (1971) teorizó sobre las consecuencias de esta ley sobre los procesos económicos y la usó para tratar de fundamentar biofísicamente la economía. El resultado fue un planteamiento de la economía como un proceso lineal (no circular) en el que intervienen fondos y flujos, asentado sobre unas condiciones ambientales concretas (en términos de recursos naturales y funcionamiento de los ecosistemas), con una energía que se degrada (pierde potencial para realizar el mismo trabajo), proponiendo horizontes de escasez absoluta (inevitable degradación de la energía y la materia) e imposibilidad de crecimiento ilimitado, y señalando a la economía como un subsistema de la biosfera, entre otros aportes (Carpintero, 2006). Algunos de sus estudiantes han sido importantes autores dentro de la Economía Ecológica, como es el caso de K. Mayumi o de H.E. Daly.    
  • Ecología de sistemas y estudios energéticos. La Ecología de Sistemas y la Ecología Teórica, a partir del concepto de metabolismo de los ecosistemas, fue de gran influencia en la Economía Ecológica cuando el sistema estudiado originalmente (los ecosistemas) fue ampliado hacia los sistemas socio-económicos, ya que desde la Ecología se consideraba poco satisfactorio el estudio de los ecosistemas y el ser humano como ámbitos aislados (véase Metabolismo social). Aparte del propio metabolismo social, diversos conceptos de relevancia surgieron a partir de los estudios sobre los flujos de energía (energética), como, por ejemplo, la energía neta, la exergía, la emergía o el EROI (Hall, 1992; Odum 1996; Sciubba, 2019). Varios ecólogos y sus alumnos han sido de gran influencia dentro de la Economía Ecológica (H.T. Odum, E.P. Odum, C.A.S. Hall, R. Costanza). 
  • Economía heterodoxa. Diversos autores del ámbito de la economía agraria, la historia económica o la economía institucional, por poner algunos ejemplos, realizaron aportaciones muy novedosas en términos de metabolismo, balances energéticos de las actividades económicas, etc. (J. Martínez Alier, J.M. Naredo, K.W. Kapp, etc.). A su vez, diversos autores desde la propia Economía Ambiental y de los Recursos Naturales, más alineada con la Economía convencional (P. Dasgupta, K. Arrow, D. Pearce, R. Solow, etc.), comenzaron a prestar atención a líneas que, posteriormente, serían de gran relevancia en la crítica y el trabajo llevado a cabo, como: (1) la escasez de los recursos naturales como insumos del proceso productivo y de reproducción social (límites al crecimiento, equidad intergeneracional, etc.) o (2) la caracterización de la naturaleza en términos de externalidades ambientales o capital natural (servicios de los ecosistemas, contaminación, etc. Véase Externalización/Internalización).  

Los fundamentos teóricos y aplicaciones de la Economía Ecológica escapan a la mera crítica fundamentada de la Economía convencional, y abarcan un amplio panorama de tópicos (Padilla Rosa y Ramos-Martín, 2023).  

Uno de estos tópicos fundamentales que definen la Economía Ecológica es la consideración de la Economía como un subsistema abierto a la Biosfera. Esto tiene multitud de consecuencias, entre ellas, por ejemplo, que no existen las externalidades ambientales, que no serían sino un traslado de costes (ambientales, económicos, etc.) estructural al propio proceso económico (Kapp, 1950), que la estructura y el funcionamiento de la Biosfera suponen un límite al crecimiento de la Economía (véase ecodependencia), o que la sostenibilidad se puede operativizar en términos del tamaño relativo de la economía con respecto de la Biosfera (véase metabolismo social). 

Al tener en cuenta esta naturaleza, la Economía Ecológica no concibe la economía como un juego de intercambio donde todos ganan (dinero o utilidad), sino como un juego de suma cero, donde hay beneficiados y perjudicados. Heredero de las diferentes versiones de la Teoría de la Dependencia, se teoriza así un intercambio ecológicamente desigual (Hornborg, 2019), en el que los países con grandes cantidades de recursos naturales son los perjudicados, ya que asumen todos los costes ecológicos de la extracción orientada al metabolismo de otros países y, además, por la denominada regla del notario (Naredo y Valero, 1999), sufren la asimetría entre el coste físico de dicha extracción y su valoración monetaria (Véase Colonialismo verde).   

Otro principio clave es la comparabilidad débil de valores, es decir, que las distintas dimensiones biogeofísicas no son reducibles a una sola unidad. A diferencia de la Economía convencional, donde todo es reducible a unidades monetarias, la Economía Ecológica se articula alrededor de la inconmensurabilidad, es decir, la no existencia de una sola unidad común de medida y, por tanto, a una permanente pluralidad de valores y modos de evaluación. Esto conlleva la imposibilidad práctica de un modelo de sostenibilidad débil, como el defendido por los economistas convencionales y ambientales (sustituibilidad entre capitales) y deriva en un modelo de sostenibilidad fuerte (Cabeza Gutés, 1996; Martínez Alier et al., 1998).  

Frente a un modelo macroeconómico centrado en el crecimiento (simbolizado por el aumento del PIB), la Economía Ecológica apuesta por una sostenibilidad física y social de la Economía, desde la cual surgen propuestas como, por ejemplo, la de la Economía en Estado Estacionario (Daly, 1991), que teoriza un modelo basado en el mantenimiento de las reservas de las distintas formas de capital en términos constantes (creciendo cuando sea necesario y reponiendo lo que se deteriore), la prosperidad sin crecimiento (Jackson, 2009) o el decrecimiento (Kallis, 2018), entre otras.    

En las décadas que la Economía Ecológica ha recorrido, han surgido diversas escuelas en su seno. En el ámbito anglosajón (Reino Unido, EEUU, India, etc.) la influencia permanente de los economistas ortodoxos sobre el corpus teórico de la Economía Ecológica ha sido mucho mayor, y la separación con respecto a la economía convencional ha sido menos evidente, centrándose mucho en la idea de Capital Natural, Servicios de los Ecosistemas y su valoración, etc.; frente a eso, en Europa, donde la tradición de la Economía Política ha tenido mayor recorrido, la Economía Ecológica parece que ha sido capaz de articular un pensamiento económico más heterodoxo, que abraza otros aspectos como el metabolismo social. Sin embargo, parece que la influencia de la Economía convencional continúa siendo muy relevante. Es por esto que diversos autores consideran que la Economía Ecológica ha sido un experimento fallido, que ha caído en manos de un pragmatismo ambiental y eclecticismo metodológico que han desvirtuado su naturaleza y que, por tanto, es necesario generar un nuevo intento a partir de las lecciones aprendidas y nuevos presupuestos más acordes con los planteamientos de origen crítico de la Economía Ecológica, una auténtica Economía Ecológica y Social (Spash, 2020).  

Bibliografía: 

Cabeza Gutés, M. (1996). The concept of weak sustainability. Ecological Economics, 17: 147-156.  

Carpintero, Ó. (2006). La Bioeconomía de Georgescu-Roegen. Ed. Montesinos. 

Daly, H. E. (1991). Steady-State Economics. Island Press.  

Georgescu-Roegen, N. (1971). The Entropy Law and the Economic Process, Harvard University Press. 

Hall, C. A. S., Cleveland, C. J. & Kaufmann, R. (1992). Energy and Resource Quality: The ecology of the economic process. University Press of Colorado. 

Hornborg, A. (2019). Nature, society, and justice in the Anthorpocene: Unraveling the Money-Energy-Technology complex. Cambridge University Press. 

Jackson, T. (2009). Prosperity without Growth – Economics for a Finite Planet. Earthscan. 

Kallis, G. (2018). Degrowth. Columbia University Press.  

Kapp, K. W. (1950). Los costes sociales de la empresa privada. Oikos-Tau.  

Martínez-Alier, J. & Schlüpmann, K. (1991). La ecología y la economía. Fondo de Cultura Económica. 

Martínez-Alier, J., Munda, G. & O’Neill, J. (1998). Weak comparability of values as a foundation for Ecological Economics. Ecological Economics, 26(3): 277-286.   

Naredo, J. M. & Valero, A. (1999). Desarrollo económico y deterioro ecológico. Fundación Argentaria. 

Naredo, J. M. (2015). La Economía en evolución: Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico. 4ª edición. Siglo XXI.  

Odum, H. T. (1996). Environmental Accounting: Emergy and Environmental Policy Making. John Wiley and Sons. 

Padilla Rosa, E. & Ramos-Martín, J. (Eds.). (2023). Elgar Encyclopedia of Ecological Economics. Edward Elgar. 

Sciubba, E. (2019). Exergy-based ecological indicators: from thermo-economics to cumulative exergy consumption to thermo-ecological cost and extended exergy accounting. Energy, 168: 462-476. 

Spash, C. L. (2020). Fundamentos para una economía ecológica y social. FUHEM Ecosocial/La Catarata. 

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