Ecocrítica

Leonor Martínez Serrano

Acuñado originalmente por William Rueckert en un ensayo titulado “Literature and ecology: An experiment in ecocriticism” (1978), el término “ecocrítica” se refiere al estudio de la literatura desde un punto de vista crítico sensible a la ecología y a la degradación de la biosfera como hogar que la vida ha construido pacientemente para sí misma. La ecocrítica ha cobrado cada vez más protagonismo debido al impacto de la acción antropogénica sobre el planeta en la nueva época geológica que ha dado en denominarse “Antropoceno” (Crutzen y Stoermer, 2000), cuyos orígenes se remontan a la Revolución Industrial. Los ecocríticos suelen analizar los textos literarios poniendo de relieve aspectos medioambientales y examinando de forma crítica cómo se relaciona el homo sapiens con el mundo no humano o con lo que el ecofilósofo David Abram (1996) denomina “el mundo más que humano” – que engloba a seres humanos y no humanos, así como entidades animadas e inanimadas – desde una perspectiva interdisciplinar. Como enfoque crítico del ámbito de los estudios literarios, la ecocrítica surgió en Estados Unidos a finales de la década de los setenta, pero no llegó a cristalizar como todo un movimiento coherente hasta los años noventa. En Estados Unidos, la ecocrítica está estrechamente vinculada a la Association for the Study of Literature and Environment (ASLE), que organiza una conferencia bienal y publica la revista académica Interdisciplinary Studies of Literature and Environment (ISLE). La ecocrítica estadounidense se asocia a la monumental obra de Lawrence Buell titulada The environmental imagination: Thoreau, nature writing, and the formation of American culture (1995) y a The ecocriticism reader: Landmarks in literary ecology (1996), de Cheryll Glotfelty y Harold Fromm, mientras que la ecocrítica británica suele asociarse a la revista Green Letters y a volúmenes tan destacados como Romantic ecology: Wordsworth and the environmental tradition (1991), de Jonathan Bate, y The green studies reader: From romanticism to ecocriticism (2000), de Laurence Coupe.

La práctica de la ecocrítica entraña interrogar los textos literarios como una forma de crítica cultural marcada por un profundo sentido de compromiso, implicación y denuncia de las prácticas perjudiciales o destructivas del mundo más que humano. Buell define la ecocrítica como el “estudio de la relación entre la literatura y el medioambiente con un espíritu de compromiso para con la praxis ecologista” (1995, p. 430), señalando así las implicaciones políticas y éticas inherentes a este modo de escudriñar los textos literarios. De hecho, la ecocrítica siempre ha sido “un modelo de análisis declaradamente político” (Garrard, 2004, p. 3). Del mismo modo, Glotfelty (1996) concibe la ecocrítica como “el estudio de la relación entre la literatura y el entorno físico” (p. xviii) y afirma que “la literatura no flota por encima del mundo material en algún éter estético, sino que, más bien, desempeña un papel en un sistema global inmensamente complejo en el que interactúan la energía, la materia y las ideas” (p. xix), anticipando así una premisa básica de la ecocrítica material (Iovino y Oppermann, 2014). Según la definición de Scott Slovic, la ecocrítica es “el estudio de textos explícitamente medioambientales mediante cualquier enfoque académico o, a la inversa, el escrutinio de las implicaciones ecológicas y las relaciones entre el ser humano y la naturaleza en cualquier texto literario, incluso en textos que, a primera vista, parecen ajenos al mundo no humano” (2000, p. 160). A pesar de la asombrosa evolución de la ecocrítica en las últimas décadas como “un enfoque propio de los estudios literarios centrado en la Tierra” (Glotfelty, 1996, p. xix), tal y como parecen sugerir etiquetas tan variadas como ecología profunda, ecofeminismo, ecología social y ecomarxismo, ecofilosofía heideggeriana, ecocrítica material, ecocrítica postcolonial o estudios de animales, lo que sigue siendo incuestionable es la centralidad del estudio de la relación entre la literatura y el entorno físico para una genuina comprensión de la naturaleza humana y no humana. La ecocrítica es, por tanto, un campo de estudio literario sumamente prometedor y una especie de encrucijada en la que convergen de forma fructífera la metafísica, la epistemología, la ética, la estética y la política.

Dada “la capacidad de los textos medioambientales para modelar el pensamiento ecocéntrico” (Buell, 1995, p. 143), pueden actuar como catalizadores que estimulen el compromiso ecologista y llegar a cambiar el mundo para mejor. Frente a las prácticas depredadoras omnipresentes en el capitalismo neoliberal, los textos literarios tienen la “capacidad de establecer directrices simbólicas para la transformación material del mundo” (Huggan y Tiffin, 2015, p. 14), ya que “no existe justicia social sin justicia ecológica” (Ibid., p. 37). La literatura imaginativa puede convertirse así en “un catalizador para la acción social” (Ibid., p. 12), en la medida en que puede “hacer visibles en el mundo la explotación y la discriminación de todo tipo, tanto humana como no humana, y, al hacerlo, […] ayudar a hacerlas obsoletas” (Ibid., p. 16). A la luz de los enormes impactos antropogénicos sobre la Tierra, se impone la necesidad de contar con “una ética más sólida del cuidado del entorno no humano” (Buell, 2001, p. 6), que se traduzca en un oikos más habitable, tanto para los seres humanos como para los no humanos.

Como enfoque crítico, la ecocrítica es extremadamente versátil y se nutre de otras disciplinas relacionadas con la ecología, el medioambiente, la historia, la economía, la filosofía, la ética, la biopolítica y la psicología. Desde la década de los noventa, ha experimentado diversas variaciones en forma de oleadas superpuestas y ha ampliado su objeto de escrutinio hasta incluir no solo la escritura sobre la naturaleza, la poesía romántica y la literatura canónica, sino también una vasta gama de textos literarios y manifestaciones culturales como el teatro, el cine, las series de televisión y los videojuegos. En The future of environmental criticism: Environmental crisis and literary imagination (2005), Buell planteó por primera vez la noción de ecocrítica de primera y segunda ola (p. 17). Buell concibe la ecocrítica cual gigantesco palimpsesto, en constante expansión hacia nuevos horizontes, que adquiere mayores cotas de sofisticación intelectual como modo de interpretar los textos literarios y otros artefactos culturales. Mientras que la crítica de la primera oleada (desde 1980 hasta la actualidad) se centró en los entornos naturales (naturaleza no humana y la experiencia en espacios naturales) representados por “la escritura sobre la naturaleza, los textos ecocéntricos y la historia natural” (Johnson, 2009, p. 8), con un claro enfoque en la literatura estadounidense y británica, la ecocrítica de la segunda oleada (desde mediados de la década de los noventa hasta la actualidad) pasó de los entornos naturales a los creados por el ser humano o, dicho de otro modo, “de los entornos no construidos a los construidos, de los espacios naturales a los paisajes urbanos y, en última instancia, a todo el espacio” (Johnson, 2009, p. 8). La perspectiva de los ecocríticos de la segunda ola es más multicultural en el sentido de que se interesan por la literatura de todo el mundo y por múltiples géneros (no solo por el ensayo o la literatura sobre la naturaleza), se centran en los paisajes urbanos y defienden la justicia medioambiental.

Con el inicio del siglo XXI, una tercera ola de la ecocrítica discurrió en paralelo al comienzo de la segunda (Slovic, 2010, p. 6), alentada por “un impulso que la llevaba a mirar más allá de las fronteras del grupo étnico y la cultura nacional propios” (p. 6). En la Guest editors’ introduction: The shoulders we stand on: An introduction to ethnicity and ecocriticism, Adamson y Slovic proponen una tercera ola (desde 2000 hasta el presente) en la evolución de la ecocrítica “que reconoce las particularidades étnicas y nacionales y, sin embargo, transciende las fronteras étnicas y nacionales; esta tercera ola explora todas las facetas de la experiencia humana desde un punto de vista medioambiental” (2009, pp. 6-7). En opinión de Slovic, la ecocrítica de la tercera ola aúna activamente “impulsos comparatistas transculturales y las energías activistas de la crítica literaria ecofeminista y la ecocrítica de justicia medioambiental” (2010, p. 8).

En su Editor’s note for the fall 2012 issue of ISLE, Slovic (2012b) afirma que ahora nos hallamos inmersos en una cuarta ola de la ecocrítica (desde 2008 hasta el presente): “a medida que nos acercamos al final de 2012, […] el giro material en la ecocrítica se está ampliando hasta el punto de que bien podría representar una nueva ‘cuarta ola de la ecocrítica’” (p. 619). Los principales rasgos definitorios de esta nueva ola son el énfasis en “la materialidad fundamental (la dimensión puramente física, la relación causa-efecto) de las cosas, los lugares, los procesos, las fuerzas y las experiencias medioambientales. Desde los estudios de la literatura sobre el cambio climático hasta los estudios de la sustancia del lenguaje ecopoético, existe un creciente pragmatismo en la práctica ecocrítica” (2012b, p. 619). Se trata, sostiene Slovic, de un nuevo modo de “ecocrítica aplicada” que examina “los comportamientos humanos básicos y elecciones de estilo de vida, tales como la alimentación y la locomoción y la vestimenta y la vivienda” (2012b, p. 619). Según Slovic (2012a, p. 443), en 2008 ya podían adivinarse nuevos atisbos de una cuarta ola de la ecocrítica en el innovador ensayo de Stacy Alaimo titulado Trans-corporeal feminisms and the ethical space of nature, en el que la académica ecofeminista plantea la noción de “trans-corporalidad” al reflexionar sobre la ‘zona de contacto’ entre la corporalidad humana y la “naturaleza más que humana” (2008, p. 238). En este sentido, Alaimo escribe que “lo humano siempre está entrelazado con el mundo más que humano, [lo que] subraya hasta qué punto la sustancia corpórea de lo humano es, en última instancia, inseparable del ‘medio ambiente’” (2008, p. 238). En definitiva, al margen de las distintas olas que ha experimentado la ecocrítica, sigue siendo una respuesta crítica propicia a la crisis climática sin precedentes a la que se enfrenta la humanidad a día de hoy. 

Bibliografía:

Abram, D. (1996). The spell of the sensuous: Perception and language in a more-thana-human world. Pantheon.

Adamson, J., & Slovic, S. (2009). Guest editors’ introduction: The shoulders we stand on: An introduction to ethnicity and ecocriticism. MELUS, 34(2), 5-24.

Bate, J. (1991). Romantic ecology: Wordsworth and the environmental tradition. Routledge.

Buell, L. (1995). Writing for an endangered world: Literature, culture, and environment in the U.S. and beyond. Harvard University Press.

Buell, L. (2005). The future of environmental criticism: Environmental crisis and literary imagination. Blackwell Publishing.

Coupe, L. (Ed.). (2000).  The green studies reader: From romanticism to ecocriticism. Routledge.

Crutzen, P. J., & Stoermer, E. F. (2000). The Anthropocene. Global Change Newsletter41, 12-13. 

Garrard, G. (2004). Ecocriticism. Routledge.

Glotfelty, C., & Fromm, H. (Eds.). (1996). The ecocriticism reader: landmarks in literary ecology. University of Georgia Press.

Glotfelty, C. (1996). Introduction: Literary studies in an age of environmental crisis. En C. Glotfelty and H. Fromm (Eds.), The ecocriticism reader: Landmarks in literary ecology (pp. xv-xxxvii). University of Georgia Press.

Huggan, G., & Tiffin, H. (2015). Postcolonial ecocriticism. Literature, animals, environment. Routledge.

Iovino, S., & Oppermann, S. (Eds.). (2014). Material ecocriticism. Indiana University Press.

Johnson, L. (2009). Greening the library: The fundamentals and future of ecocriticism. Choice, 47, 7-13.

Rueckert, W. (1978). Literature and ecology: An experiment in ecocriticism. Iowa Review, 9(1), 71-86.

Slovic, S. (2000). Ecocriticism: Containing multitudes, practising doctrine. En L. Coupe (Ed.), The green studies reader: From romanticism to ecocriticism (pp. 160-163). Routledge.

Slovic, S. (2010). The third wave of ecocriticism: North American reflections on the current phase of the discipline. Ecozon@, 1(1), 4-10.

Slovic, S. (2012a). Editor’s note for the summer 2012 issue of ISLE. ISLE, 19(3), 443-444.

Slovic, S. (2012b). Editor’s note for the fall 2012 issue of ISLE. ISLE, 19(4), 619-621.

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