Ciencia ciudadana
Pablo Verde Ortega
La ciencia ciudadana es un fenómeno netamente contemporáneo que surge como respuesta a la profesionalización de la ciencia que se culminó en las últimas décadas del siglo XIX. Su rasgo fundamental es que incluye en la investigación a personas sin una formación especializada ni dedicación científica profesional. Una definición más precisa la encontramos en el White Paper on Citizen Science:
La ciencia ciudadana se refiere a la participación del público general en actividades de investigación científica, cuando los ciudadanos contribuyen activamente a la ciencia, ya sea con su esfuerzo intelectual o el conocimiento circundante o con sus herramientas y recursos. (Serrano Sanz et al., 2014, p. 8)
Se trata de una de las praxis científicas de mayor actualidad. Su promoción se explicita en la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) de España, así como en la mayoría de los países de América Latina, con niveles de apoyo institucional y económico variables (D’Onofrio et al., 2024). Por su parte, en la Unión Europea la European Citizen Science Platform se encarga de promocionar y coordinar este tipo de iniciativas entre los 27 países miembros. Esta muestra reducida da cuenta de la creciente estima política que recibe la ciencia ciudadana y sus optimistas perspectivas de futuro.
Las razones del auge institucional de la ciencia ciudadana se explican por la propia naturaleza de las ciencias convencionales. Estas constituyen una de las formas de conocimiento más sólidas al alcance del ser humano y los resultados de su actividad (saberes propositivos y artefactos tecnológicos), suponen un elemento imprescindible para el funcionamiento y cohesión de la mayoría de sociedades contemporáneas. Sin embargo, no se trata de un producto exento de conflictos sociales (ni ecológicos). De entre las numerosas facetas que los estudios críticos de la ciencia han señalado, quisiera centrarme en el aislacionismo social que aqueja a la arquitectura intelectual e institucional de muchas disciplinas científicas.
1. Fricciones sociales de las ciencias «aisladas»
Las comunidades investigadoras se mueven en circuitos autónomos e intercambian conocimientos principalmente entre pares o con el alumnado universitario. La mayoría de las relaciones con el mundo no académico se producen en el marco de la innovación y el desarrollo, en contacto sobre todo con empresas privadas, o en proyectos estatales de salud pública, infraestructura, seguridad, defensa, etc. Mientras tanto, la relación con la sociedad civil es principalmente unilateral: los avances científicos y tecnológicos recaen sobre la población o le son transmitidos a través de la divulgación. Se trata del modelo que Cash y coautores (2006) bautizan como «de muelle de carga» (loading dock science): “Lo sacas [un conocimiento científico] y lo dejas en el muelle de carga y dices: ‘ahí está’. Y luego te alejas y vuelves a entrar” (p. 484).
Son dos los principales problemas del muelle de carga. En primer lugar, su carácter escasamente democrático, que impide una deliberación pública sobre qué y cómo se va a investigar, de acuerdo con qué fines y sirviendo a qué intereses. El segundo problema atañe a su rigidez. Desde estas coordenadas, la ciudadanía parece no poder situarse más que en la aceptación acrítica del conocimiento (o tecnología) “descargado” o, por oposición, en una actitud confrontacional que puede ser acusada de comulgar con negacionismos y creencias pseudocientíficas o regresivas. Así se ha visto históricamente en casos como la oposición a las nucleares o los organismos genéticamente modificados, donde las legítimas reservas de una parte de la población sobre los efectos sociales y ecológicos adversos de estas tecnologías se han intentado acallar tachando a sus críticos de anti-cientifícos y contrarios al progreso (Wynne, 1992).
2. Ciencia ciudadana como praxis participativa
Frente a las tensiones que se pueden derivar de este aislamiento social y el modelo del muelle de carga, han surgido en las últimas décadas propuestas para democratizar distintos aspectos de las ciencias. Una de ellas consiste en sumar metodologías científicas participativas (con el acento en sumar, no en sustituir) a las prácticas científicas más comunes.
Este tipo de metodologías se basa en la idea de generar una relación directa con los diferentes miembros de una comunidad a fin de co-construir conocimientos relevantes para las distintas partes implicadas (Vagh y Jacquez, 2020). La intensidad de la participación es un continuum que va desde el simple alcance (informar de lo que se está haciendo) al liderazgo compartido y co-diseño de la investigación. La lista de prácticas que se pueden englobar bajo el rótulo de lo participativo es amplia y creciente. No obstante, la más importante por su trayectoria, ambición y presencia pública es la ciencia ciudadana.
Son múltiples las tácticas que se pueden desplegar para la realización de una ciencia ciudadana exitosa. Algunas de las más usadas son la resolución de problemas mediante videojuegos (véase Foldit[1]), las actividades participativas (como el mapeamiento participativo: Nunes da Silva y Verbicaro, 2016) o la recogida abierta de datos, crowdsourcing en inglés (muy popular en los portales de biodiversidad como el Global Biodivesity Information Facility).
3. Divisiones internas de la ciencia ciudadana
Más allá de estos rasgos básicos, son numerosas las divisiones internas en la ciencia ciudadana. La más relevante aquí será la bifurcación entre una ciencia ciudadana orientada a la investigación (funcional) y una ciencia ciudadana socialmente orientada (o integral).
Funcional es aquella ciencia ciudadana orientada a la investigación que, aunque incluye a personas no profesionales en el proceso (es decir, funciona como ciencia ciudadana), no responde a las necesidades de ninguna comunidad fuera del mundo científico o académico (o del mercado). Así se ve en el caso de Foldit , donde los participantes actúan movidos por su curiosidad, competitividad o amor por los videojuegos, pero cuyos resultados no se traducen en ningún beneficio directo para sí mismos (ni siquiera podemos decir que formen un colectivo en particular con intereses definidos) De hecho, se ha criticado (Mirovski, 2017) este modelo como una oportunidad en el contexto de precarización y neoliberalización de la Academia para descargar las labores de investigación sobre particulares que realizan el «trabajo sucio» de los científicos profesionales sin percibir por ello un salario. Un trabajo voluntario que muchas veces solo sirve a intereses científicos o mercantiles concretos (Vohland et al., 2019). Esto no significa que los intereses científicos sean espurios ni que de ellos no se puedan derivar resultados socialmente positivos (en rigor, tampoco se podría decir de los intereses mercantiles, aunque con bastantes matices). El mismo Foldit lo demuestra en la medida en que ha servido en ocasiones para descifrar estructuras proteínicas de virus, lo que ha permitido avances en medicina (Khatib et al., 2011). La cuestión es que no se trata de un trabajo con una comunidad concreta para investigar y afrontar directamente los problemas de esta.
Por el contrario, la ciencia ciudadana socialmente orientada es integral en el sentido de que no solo incluye a la ciudadanía, sino que responde a las preocupaciones de al menos una parte de dicha ciudadanía. Se trata de una ciencia en la que rige el principio de responsabilidad social compartida y que aspira, en su propia condición científica, a promover algún tipo de valor cívico o concienciación y/o a mejorar las condiciones de vida de una comunidad dada. Frente a la mercantilización y privatización del conocimiento (véase Capitalismo fósil), la ciencia ciudadana integral se plantea como un conocimiento común (Pelacho López, 2024), esto es: un conjunto de metodologías, artefactos y saberes teóricos y prácticos compartido y mantenido por un grupo o comunidad, por fuera de la dicotomía Estado-mercado y sin que pueda ser apropiado por nadie en particular.
Pese a todo, la distinción entre ciencia ciudadana funcional e integral no es dicotómica y es posible encontrar ejemplos mixtos (dos de los que se expondrán más abajo, Plastic Pirates y Pakistan Air Quality, así lo prueban, ya que, aunque hay una promoción de valores y una concepción del conocimiento como común, el trabajo no se realiza con comunidades perfectamente acotadas).
4. Valores de la ciencia ciudadana integral
La ciencia ciudadana, en estos términos, tiene el objetivo de acabar con el modelo del déficit, según el cual: «el público carece de conocimiento y experiencia y está a la espera de ser ilustrado» (Strasser et al., 2019, p. 10). De esta manera procura: «Hacer que la política científica responda mejor a la “comprensión” y las “preocupaciones” de la gente» (p. 3). Se trata además de un modo de hacer ciencia que permite la inclusión de conocimientos situados, corporizados y en los cuales la experiencia personal y comunitaria importa, diluyendo la frontera entre la ciencia con autoridad epistémico-social y los saberes «no científicos» de credibilidad subordinada, como el conocimiento local asociado al cambio climático (Chambon et al., 2024) o las etnobotánicas (Burgo Bencomo, 2021).
Asimismo, permite una relación más completa y fluida entre las comunidades científicas y otros sectores sociales. Esto vuelve mucho más fácil afianzar los conocimientos científicos fuera de sus circuitos de difusión habitual (evitando así los problemas del modelo del muelle de carga), ya que cualquier conocimiento logrará una implantación y aceptación social más sólida cuantos más y más diversos actores participen en su producción y difusión.
Desde un punto de vista político amplio, estas investigaciones contribuyen a democratizar la praxis científica y, por extensión (aunque sea a pequeña escala), la sociedad en su conjunto. Esto se debe a su lógica participativa, horizontal y de autoorganización. A su vez, dada la relevancia que las ciencias tienen a la hora de informar las políticas públicas, la fortaleza de la ciencia ciudadana en el panorama científico general puede ayudar a afianzar unas políticas más justas, de abajo arriba, en consonancia con las necesidades y perspectivas de las comunidades, frente a un modelo legislativo excesivamente unilateral, paternalista y apenas debatido
5. Ejemplos prácticos y conclusiones
Se exponen a continuación tres casos de ciencia ciudadana solvente, que muestran la capacidad de esta para aunar investigación y acción de manera exitosa y con resultados positivos para las comunidades:
- Bioleft: es un proyecto con base en la Universidad Nacional de San Martín (Argentina) cuyo ánimo es crear una comunidad de intercambio y mejoramiento de semillas de código abierto. Para ello busca la capacitación e inclusión de los agricultores, evitando así que se conviertan en meros consumidores de las semillas mejoradas propiedad intelectual de alguna gran empresa. Su modus operandi consiste en la promoción de semillas no transgénicas para la agricultura orgánica y ecológica y cuentan con varios programas de fitomejoramiento participativo basados en el co-diseño de objetivos a través de dinámicas lúdicas, los estudios experimentales para hallar las mejores variedades y los cuadernos de campo digitales para compartir las observaciones. El objetivo último es incentivar la soberanía productiva y alimentaria.
- Plastic pirates: este proyecto nació en 2016 como una iniciativa desde universidades y centros de investigación de 13 países de Europa (en España participan la Universitat de Vic, la Universidad de Burgos y el IDAEA del CSIC) para rastrear y recoger macroplásticos (y otros materiales) en ríos y más recientemente en costas, recopilar datos al respecto y fomentar la concienciación frente a la contaminación de los ecosistemas acuáticos. Está enfocada a un público joven, principalmente de colegios e institutos, y son los/as estudiantes quienes hacen el trabajo directo de recolecta.
- Pakistan Air Quality Iniciative: ante la innacción gubernamental contra la contaminación atmosférica de las grandes ciudades pakistaníes (causa y consecuencia de la escasez de estudios científicos a nivel nacional sobre esta problemática) surgió esta propuesta de ciencia ciudadana cuya misión es crear una red para la obtención colectiva de datos (crowdsourcing) sobre la calidad del aire en Pakistán. La misión es doble: primero, concienciar a la ciudadanía del mal estado del aire y, seguidamente, disponer de evidencias con las que orientar sus reclamaciones a la clase política local. El proyecto está asociado con Visual Air, un atlas participativo de medición de calidad del aire.
La ciencia ciudadana es una herramienta útil e importante para superar el aislamiento social de las ciencias convencionales y fomentar un diálogo abierto y democrático sobre el tipo de conocimiento que queremos desarrollar y el tipo de sociedades que aspiramos a ser. Aunque en ningún caso pueda ni quiera sustituir a dichas ciencias convencionales, promoverla debería convertirse en uno de los pilares de la política científica presente y futura.
Bibliografía:
Artículos, monográficos y leyes
Burgo Bencomo, B. (2021). El conocimiento tradicional y la etnobotánica en la gestión de la agricultura familiar. Revista Universidad y Sociedad 13(4). http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2218-36202021000400431
Cash, D., Borck, J. & Patt, A. (2006). Countering the Loading-Dock Approach to Linking Science and Decision Making. Science, Technology, & Human Values, 31(4), 465-494.
Chambon, M.; Wambiji, N.; Álvarez Fernández, S.; Azarian, C.; Ngunu Wandiga, J.; Vialard, J.; Ziveri, P. y Reyes-García, V. (2024). Weaving scientific and local knowledge on climate change impacts in coastal Kenya, Western Indian Ocean. Environmental Science and Policy 160, 103846
D’Onofrio, G., Arza, V. y Actis, G. (2024). Ciencia ciudadana en América Latina: perspectivas y políticas públicas. UNESDOC Biblioteca digital. Extraído de: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000388986.locale=es
Khatib, F., DiMaio, F., Foldit Contenders Group. et al. (2011). Crystal structure of a monomeric retroviral protease solved by protein folding game players. Natural Structural and Molecular Biology 18, 1175–1177 https://doi.org/10.1038/nsmb.2119
Ley Orgánica 2/2023, de 22 de marzo, del Sistema Universitario (BOE núm.70, de 23 de marzo de 2023)
Mirowski, P. (2017). Against citizen science. Recuperado de Aeon: http://pombo.free.fr/mirowski18-.pdf
Pelacho López, M. T. (2024). Epistemología política de la ciencia ciudadana. Una aproximación desde la Teoría de los Bienes Comunes. [Tesis doctoral, Euskal Herriko Unibertsitatea]. http://hdl.handle.net/10810/75820
Serrano Sanz, F., Holocher-Ertl, T., Kislienger, B., Sanz García, F. & Silva, C. (2014). White Paper on Citizen Science for Europe. Socientize
Strasser, B. J., Baudry, J., Mahr, D., Sánchez, G. & Tancoigne, E. (2019). ‘Citizen Science’? Rethinking Science and Public Participation. Science & Technology Studies, 32(2), 52–76. doi: 10.23987/sts.60425
Vaghn, L. M. & Jacquez, F. (2020). Participatory Research Methods – Choice Points in the Research Process. Journal of Participatory Research Methods, 1(1) https://doi.org/10.35844/001c.13244
Vohland, K., Weißpflug, M., & Pettibone, L. (2019). Citizen Science and the Neoliberal Transformation of Science – an Ambivalent Relationship. Citizen Science: Theory and Practice, 4(1), 25. doi: 10.5334/cstp.186
Wynne, B. (1992). Uncertainty and environmental learning. Reconceiving science and policy in the preventive paradigm. Global environmental change, 2(2), 111-127.
Iniciativas de ciencia ciudadana (recursos digitales)
Bioleft: https://www.bioleft.org/es/
European Citizen Science Plataform: https://www.citizenscience.eu/
Foldit: https://fold.it/
Global Biodivesity Information Facility: https://www.gbif.org/
Pakistan Air Quality Iniciative: https://pakairquality.com/news/introducing-the-pakistan-air-quality-initiative/
Plastic Pirates: https://www.plastic-pirates.eu/es
[1] Un juego en línea diseñado por la Universidad de Washington en el que los participantes deben plegar proteínas ficticias de la mejor manera posible. Después, los resultados más precisos son analizados por investigadores para ver si se podrían corresponder con plegamientos desconocidos de proteínas reales.