CAMBIO GLOBAL

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Mateo Aguado

Durante las últimas décadas la comunidad científica ha venido aportando certidumbres cada vez más sólidas sobre cómo las actividades humanas están afectando de forma profunda a la mayor parte de los procesos que determinan el funcionamiento global del Sistema Tierra (Steffen et al., 2005; Duarte et al., 2009; Rockström et al., 2009). Al conjunto de todos estos cambios ambientales de origen antrópico se le ha denominado cambio global o cambio ambiental global (Vitousek, 1994). Dentro de él se incluyen todas aquellas acciones humanas que, aunque puedan ser realizadas localmente, tienen efectos que trascienden el ámbito local o regional, para acabar afectando a la estructura y al funcionamiento global del planeta (Steffen et al., 2005; Duarte et al., 2009).

Junto a la condición global del proceso de cambio en curso, son dos los rasgos que caracterizan a este momento único de alteraciones ambientales en la historia de la Tierra: la celeridad e intensidad con la que están sucediendo, y el hecho de que sea tan solo una especie, el Homo sapiens, el principal motor de los mismos (Steffen et al., 2005; Duarte et al., 2009). Este último rasgo ha llevado incluso a numerosos investigadores a defender la necesidad de modificar la tabla cronoestratigráfica internacional (o escala de tiempo geológico), dando por concluido la era del Holoceno y sugiriendo el comienzo de una nueva unidad geocronológica caracterizada por la alteración antrópica del funcionamiento integral del Sistema Tierra: el Antropoceno.

Bajo estas coordenadas, el término de cambio global se emplea para referirse tanto a los cambios biofísicos como socioeconómicos que están afectando a la estructura y funcionamiento del Sistema Tierra, y que incluyen –entre muchas otras– alteraciones en los usos y coberturas del suelo, la composición atmosférica, los caudales fluviales, los ciclos del nitrógeno, el fósforo y el carbono, las cadenas tróficas marinas, la diversidad biológica, la población humana, el uso de recursos, el consumo de energía, el transporte, la comunicación, etc. (Steffen et al., 2005). El cambio global, por tanto, es mucho más que el cambio climático antropogénico en curso, y su alcance y complejidad se están aún comenzando a comprender (Vitousek, 1994; Steffen et al., 2005).

Esta doble dimensión biofísica y socioeconómica del cambio global nos permite distinguir entre dos grandes tipos de motores o impulsores de cambio: 1) los impulsores directos, que son todos aquellos factores inducidos por los seres humanos que alteran directamente la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas, como los cambios de uso del suelo, el cambio climático inducido, la contaminación de aguas, suelos y aire, las invasiones biológicas, la alteración de los ciclos biogeoquímicos o la sobreexplotación de los componentes bióticos y geóticos de la biosfera; y 2) los impulsores indirectos, que son todos aquellos factores y procesos sociopolíticos que actúan de forma difusa, alterando los ecosistemas a través de su acción sobre uno o más impulsores directos de cambio, como los elementos demográficos, económicos, sociopolíticos, culturales o científico-tecnológicos (Nelson, 2005; MA, 2005).

Las interacciones y los vínculos entre los diversos impulsores de cambio también forman parte del cambio global, pudiendo llegar a ser tan importantes o más que los cambios individuales en sí mismos (Steffen et al., 2005). Por ejemplo, una disminución relativamente gradual de las precipitaciones anuales o de la fertilidad del suelo pueden provocar un cambio abrupto en el sistema social a medida que los residentes abandonen tierras improductivas y se conviertan en desplazados ambientales (Reid et al., 2010). Este carácter sistémico y sinérgico del cambio global hace que su abordaje científico sea enormemente complejo, pues bajo su propio funcionamiento suelen constituirse bucles de retroalimentación acumulativos de los cuales muchas veces afloran nuevos problemas socio-ecológicos interconectados que presenten -a su vez- sus propias propiedades emergentes (Steffen et al., 2005; Barnosky et al., 2012).

Además, muchas de las alteraciones que los seres humanos están imprimiendo sobre la biosfera tienen una serie de características que las hace especialmente problemáticas: operan de modo no-lineal y son muy difíciles de prever, pudiendo con ello llegar a tener efectos irreversibles para las escalas de tiempo humanas (Steffen et al., 2005; Reid et al., 2010). Este carácter impredecible y no-lineal del cambio global conlleva un riesgo considerable de acabar derivando en un colapso ecológico a escala planetaria (Scheffer et al., 2012; Bradshaw et al., 2021; Kemp et al., 2022; Willcock et al., 2023). Es por ello que para mantener el cambio global dentro de unos rangos tolerables -con un bajo riesgo de transición hacia umbrales críticos de cambio- resulta esencial identificar y rastrear las condiciones del Sistema Tierra respecto a sus límites biogeofísicos (Rockström et al., 2009), evitando su transgresión por parte de la empresa humana y mejorando, en la medida de lo posible, la resiliencia del sistema socio-ecológico global (Reid et al., 2010; Scheffer et al., 2012).

Referencias

Barnosky, A. D., Hadly, E. A., Bascompte, J., Berlow, E. L., Brown, J. H., Fortelius, M., … & Smith, A. B. (2012). Approaching a state shift in Earth’s biosphere. Nature, 486(7401), 52-58.

Bradshaw, C. J., Ehrlich, P. R., Beattie, A., Ceballos, G., Crist, E., Diamond, J., … & Blumstein, D. T. (2021). Underestimating the challenges of avoiding a ghastly future. Frontiers in Conservation Science, 1, 9.

Duarte, C. M., Alonso, S., Benito, G., Dachs, J., Montes, C., Pardo, M., Rios, A. F., Simó, R. & Valladares, F. (2009). Cambio Global: Impacto de la Actividad Humana sobre el Sistema Tierra. Colección Divulgación, CSIC.

Kemp, L., Xu, C., Depledge, J., Ebi, K. L., Gibbins, G., Kohler, T. A., … & Lenton, T. M. (2022). Climate Endgame: Exploring catastrophic climate change scenarios. Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(34), e2108146119.

MA (Millennium Ecosystem Assessment). (2005). Ecosystems and human well-being: Biodiversity synthesis. World Resources Institute, Washington, DC.

Nelson, G. C. (2005). Drivers of ecosystem change: summary chapter. In Ecosystems and Human Well-being: current state and trends (pp. 73-76). Island Press.

Reid, W. V., Chen, D., Goldfarb, L., Hackmann, H., Lee, Y. T., Mokhele, K., … & Whyte, A. (2010). Earth system science for global sustainability: grand challenges. Science, 330(6006), 916-917.

Rockström, J., Steffen, W., Noone, K., Persson, Å., Chapin III, F. S., Lambin, E., … & Foley, J. (2009). Planetary boundaries: exploring the safe operating space for humanity. Ecology and society, 14(2).

Scheffer, M., Carpenter, S. R., Lenton, T. M., Bascompte, J., Brock, W., Dakos, V., … & Vandermeer, J. (2012). Anticipating critical transitions. science, 338(6105), 344-348.

Steffen, W., Sanderson, R. A., Tyson, P. D., Jäger, J., Matson, P. A., Moore III, B., … & Wasson, R. J. (2005). Global change and the earth system: a planet under pressure. Springer Science & Business Media.

Vitousek, P. M. (1994). Beyond global warming: ecology and global change. Ecology, 75(7), 1861-1876.

Willcock, S., Cooper, G. S., Addy, J., & Dearing, J. A. (2023). Earlier collapse of Anthropocene ecosystems driven by multiple faster and noisier drivers. Nature Sustainability, 1-12.

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