AGROECOLOGÍA

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Carolina Yacamán Ochoa

La agroecología surgió a principios del siglo XX, específicamente en la década de 1930 (Gliessman, 2018). En sus inicios, su principal preocupación radicaba en los impactos ambientales de las sustancias tóxicas utilizadas en la agricultura, especialmente los pesticidas. Su aplicación se enfocaba mayormente en la escala de finca y de agroecosistema, a saber, un tipo de ecosistema que surge de las interacciones entre procesos socioeconómicos y ecológicos, y cuyas funciones son valoradas por los humanos en forma de alimentos y otros servicios ecosistémicos (Neyton et al., 2018). Desde entonces, tanto su definición como su alcance han experimentado un significativo avance a nivel internacional.

La agroecología en Latinoamérica y en Europa comparte muchos principios y objetivos comunes; no obstante, también existen algunas diferencias determinadas por los contextos locales y las particularidades sociales, alimentarias y fundamentalmente económicas. En Latinoamérica, la agroecología ha surgido y se ha desarrollado en un contexto socioeconómico marcado por las desigualdades sociales y económicas, la pobreza rural, así como por la presencia significativa de comunidades campesinas e indígenas (Guzmán et al. 2000). Surge como respuesta a la crisis ecológica en el campo y a la dificultad en el acceso a los recursos, principalmente la tierra y las semillas: en definitiva, impulsada por la defensa de la soberanía alimentaria. Sin embargo, las circunstancias sociales, alimentarias y económicas en Europa fueron diferentes. El enfoque agroecológico surge como respuesta a una agricultura altamente industrializada, muy dependiente de subsidios públicos (González de Molina, 2012) y se ha desarrollado con un importante protagonismo de actores de la sociedad civil, redes alimentarias alternativas y grupos ecologistas.

Actualmente, la agroecología es utilizada en diversas regiones como un enfoque combinado de movimiento, ciencia y práctica y, en la mayoría de las situaciones, estas dimensiones están estrechamente vinculadas (Wezel et al., 2009). Además, se encuentra en un proceso de evolución hacia una perspectiva más amplia, incluyendo a todo el sistema agroalimentario, que se define como una red que comprende la producción, distribución y consumo de alimentos (Gliessman, 2007). Esta ampliación implica una nueva y más comprensiva definición de la agroecología como «el estudio integrador de la ecología de los sistemas agroalimentarios en su totalidad, abarcando dimensiones ecológicas, económicas y sociales, o simplemente la ecología de los sistemas agroalimentarios» (Francis et al., 2003).

Existe consenso en que se requiere una transformación profunda del sistema agroalimentario, deslocalizado y crecientemente industrializado en múltiples escalas, para enfrentar los complejos desafíos interrelacionados. Entre estos desafíos se encuentran la presión sobre los recursos renovables, la persistente inseguridad alimentaria, el abandono rural, la desaparición de la agricultura familiar, el impacto negativo en el bienestar animal y las graves consecuencias derivadas de la superación de los límites planetarios, entre los que destaca el cambio climático y las alarmantes pérdidas de biodiversidad (FAO, 2018a; IPBES, 2019; IPCC, 2019). Para abordar estos desafíos, la FAO (2018b) desarrolló lo que se conoce como marco de los 10 elementos, una guía que ayuda a los países y los actores sociales a poner en práctica la agroecología. Este marco se enfoca en la aplicación tanto de medios normativos como operacionales, con el objetivo de sistematizar la agroecología en una variedad de elementos interrelacionados e interdependientes. Los 10 elementos se agrupan según sus funciones principales, que abarcan aspectos tales como la diversidad, las sinergias, la eficiencia, la resiliencia, el reciclaje, la creación conjunta y el intercambio de conocimientos, los valores humanos y sociales, la cultura y tradiciones alimentarias, la economía circular y solidaria, y la gobernanza responsable (FAO, 2018b).

Para abordar la transición hacia sistemas agroalimentarios territorializados y sostenibles, se requiere una perspectiva a largo plazo y enfoques holísticos, como los que se encuentran en los principios agroecológicos, a través de su triple dimensión política, científica y práctica. Según Gliessman (2018), el enfoque agroecológico se caracteriza por ser transdisciplinario, en el sentido de que valora todas las formas de conocimiento y experiencias para la transformación del sistema agroalimentario. Además, es participativo, en el sentido de que requiere la participación de todas las partes interesadas, desde la granja hasta la mesa y todos los actores intermedios. Por último, Gliessman señala que está orientado a la acción, porque enfrenta las estructuras de poder económico y político del actual sistema agroalimentario industrial mediante estructuras sociales alternativas y acciones políticas colectivas.

En el ámbito político, la agroecología tiene como objetivo lograr la transformación del régimen agroalimentario dominante, mediante un enfoque holístico y sostenible de la producción de alimentos arraigados en los territorios. Esto busca fortalecer la soberanía alimentaria, reducir el poder y la concentración de las industrias agrícolas y alimentarias, preservar la identidad y la cultura local, proteger los derechos indígenas sobre semillas y razas autóctonas, y avanzar hacia la justicia ecosocial (Altieri y Toledo, 2011; Rosset et al., 2011). En este punto, el ecofeminismo de orientación postcolonial ha contribuido en buena medida, al insistir en la importancia de la protección de las semillas autóctonas y de conocimientos ecológicos tradicionales: tareas reproductivas que, frecuentemente, se articulan mediante redes de mujeres organizadas. 

En cuanto a su aplicación práctica, la agroecología desempeña un papel fundamental en reducir la dependencia de la energía fósil y mejorar la eficiencia energética del metabolismo agrario minimizando los insumos externos. Además, este enfoque promueve el aumento de la fertilidad del suelo y la biodiversidad, así como la mejora del bienestar animal. Además, la agroecología juega un papel importante al reducir la huella ecológica asociada a la producción de alimentos, así como al promover prácticas que favorezcan la resiliencia de los agroecosistemas frente al cambio climático.

En contraste con esta agenda transformadora, el Green New Deal –y específicamente la estrategia Farm to Fork–, han adoptado la agroecología a través del enfoque de la agricultura regenerativa, orientada hacia el aumento de la productividad. Esta orientación, legitimada por el paradigma biotecnológico, permanece inserta en el régimen agroalimentario dominante (Alonso-Fradeyas et al., 2020) y no cuestiona las estructuras económicas que gobiernan dicho sistema (Gliessman, 2011). Este enfoque tecnocrático considera la agroecología exclusivamente como una disciplina científica que produce conocimientos y tecnologías útiles para la intensificación sostenible (Pretty, 2010). Para construir, por el contrario, una mayor legitimidad, González de Molina (2013) señala que debe consolidarse la agroecología política, ya que la sostenibilidad del sistema agroalimentario no puede lograrse solo mediante medidas tecnológicas (agronómicas o ambientales), sino mediante un cambio profundo del marco institucional vigente. 

Referencias

Alonso-Fradejas A, Forero LF, Ortega-Espès D, et al. (2020). Junk Agroecology: The corporate Capture of Agroecology for a Partial Ecological Transition without Social Justice. ATI TNI, Crocevia. 2020.

Altieri, M. A., & Toledo, V. M. (2011). The agroecological revolution in Latin America: rescuing nature, ensuring food sovereignty and empowering peasants. Journal of peasant studies, 38(3), 587-612.

FAO (2018a) The state of food security and nutrition in the world: build ing climate resilience for food security and nutrition. Food and Agriculture Organization of the United Nations.

FAO (2018b): The 10 elements of Agroecology – Guiding the Transition to sustainable food and agricultural systems. Food and Agriculture Organization of the United Nations. Rome, Italy. 2018.

Francis, C., Lieblein, G., Gliessman, S., Breland, T. A., Creamer, N., Harwood, R., … & Salomonsson, L. (2003). Agroecology: The ecology of food systems. Journal of Sustainable Agriculture, 22(3), 99-118.

Gliessman S.R. (2007) Agroecology: the ecology of sustainable food systems, CRC Press, Taylor & Francis, New York, USA, 384 p.

Gliessman, S. R. 2011. Agroecology and food system change [Editorial]. Journal of Sustainable Agriculture 35: 345-349.

Gliessman, S.R.  (2018) Defining Agroecology, Agroecology and Sustainable Food Systems, 42:6, 599-600, DOI: 10.1080/21683565.2018.1432329.

González de Molina, M. (2011). Agroecología y políticas públicas en Europa. Agroecología, 6, 75-88.

González de Molina, M. (2013): Agroecology and Politics. How To Get Sustainability? About the Necessity for a Political Agroecology, Agroecology and Sustainable Food Systems, 37:1, 45-59. http://dx.doi.org/10.1080/10440046.2012.705810

Guzmán G, González de Molina M, Sevilla E (coords.).  2000. Introducción a la Agroecología como desarrollo rural sostenible. Madrid: Mundi-Prensa.

IPBES (2019) Global assessment report on biodiversity and ecosystem services, Science Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES)

IPCC (2019) Climate change and land. Panel in Climate Change IPCC, Intergovernmental

Iocola, I., Ciaccia, C., Colombo, L., Grard, B., Maurino, S., Wezel, A., & Canali, S. (2022). Agroecology research in Europe: current status and perspectives. Open Research Europe, 2(139), 139.

Rosset PM, Sosa BM, Jaime AMR, et al. (2011). The Campesino-to-Campesino agroecology movement of ANAP in Cuba: social process methodology in the construction of sustainable peasant agriculture and food sovereignty. J Peasant Stud. 2011; 38(1): 161–91.

Neyton, S., Abbady, D., Sarthou, J.P. (2018). Agroecosystem : Definition. Dictionary of Agroecologie. https://dicoagroecologie.fr/en/dictionnaire/agroecosystem/

Wezel, A., Soldat, V., Mäder, P., & Dubois, D. (2009). Scientific principles of agroecology: A review. Agronomy for Sustainable Development, 29(1), 1-15.

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