ECOSISTEMAS Y SOCIO-ECOSISTEMAS

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Mateo Aguado, José A. González, Pedro L. Lomas y Violeta Hevia

Los ecosistemas son sistemas naturales complejos, dinámicos y autorregulados de organismos vivos, que interactúan entre sí y con su entorno no viviente en un área determinada, operando como una unidad funcional. Las diferentes plantas, animales y microorganismos que los constituyen se encuentran estructurados y ligados por una trama de relaciones biofísicas, y procesan, transfieren e intercambian materia y energía con el medio (Odum y Barrett, 1971; Odum, 2006). Los ecosistemas se pueden definir en una gran variedad de escalas espaciales, articulándose a modo de «muñeca rusa», desde las escalas más pequeñas hasta las más grandes. En este sentido, el concepto de ecosistema puede aplicarse a cualquier retazo de la ecosfera, desde una pequeña charca hasta el Sistema Tierra en su conjunto.

Todos los ecosistemas tienen una estructura y un funcionamiento. La estructura de un ecosistema hace referencia a la organización y disposición de los diferentes elementos bióticos (biosistema) y geóticos (geosistema) que lo constituyen. El biosistema está formado por todo el sistema de organismos presentes, ligados por una trama de interdependencia trófica. El geosistema, en cambio, lo constituyen todos los elementos abióticos, unidos por una red de relaciones geo-físico-químicas. El funcionamiento de un ecosistema, por su parte, hace referencia a las relaciones causales que se establecen entre sus componentes a través de intercambios de materia (flujos circulares de nutrientes) y de flujos unidireccionales de energía (Odum y Barrett, 1971; Pineda 1996).

Los ecosistemas están sujetos a una serie de procesos esenciales que condicionan su estructura y funcionamiento en el espacio y en el tiempo. Estos procesos ecológicos, o procesos de los ecosistemas, son tanto biológicos como físico-químicos, e incluyen, entre otros, la descomposición y producción de la materia orgánica, el reciclado y flujo de nutrientes, o las transferencias de energía. Todos los ecosistemas funcionan de la misma manera, aunque puedan organizar su estructura de forma diferente (Odum y Barrett, 1971; Pineda 1996).

Los ecosistemas no son entes estáticos, sino dinámicos, y mantienen su capacidad de auto-organización. A tal efecto, se conoce como integridad ecológica a la capacidad que tiene un ecosistema de mantener su estructura, funcionamiento y desarrollo en el tiempo, además de su capacidad de absorber el estrés generado por las diferentes perturbaciones de origen natural o antrópico que éste pueda sufrir (Pineda 1996). La ocurrencia de perturbaciones de distinta intensidad y recurrencia constituye, por tanto, una característica esencial e inherente de los ecosistemas que contribuye a su renovación, haciendo que éstos nunca se encuentren en una situación de equilibrio, sino más bien en un estado continuo y dinámico de auto-organización en donde los cambios asociados son la norma y no la excepción (Margalef, 1974).

Muchos autores argumentan que los ecosistemas y los seres humanos han compartido históricamente un proceso de co-evolución mediante el cual ambas partes se han ido moldeando y adaptando conjuntamente (Anderies et al., 2004). En este sentido, algunos sostienen que las sociedades y los ecosistemas están tan estrechamente vinculados que la delimitación exclusiva de uno u otro resulta algo arbitrario y artificial (Berkes et al., 2000). Este intenso entrelazamiento entre los sistemas ecológicos y los seres humanos hace que el término clásico de ecosistema se quede corto para describir toda la gama de complejidades, incertidumbres y dinámicas cambiantes que operan en el territorio a sus diferentes escalas espacio-temporales. A estos sistemas integrados de humanos en la naturaleza se les ha denominado sistemas socio-ecológicos (o socio-ecosistemas) (Berkes et al., 2000; Liu et al., 2007) (otros términos relacionados que es frecuente encontrar en la literatura son sistemas ecosociales y sistemas acoplados humanos-naturaleza), y han sido definidos como las unidades biogeofísicas a las que se asocian uno o más sistemas sociales (Glaser et al., 2008). Mientras que las unidades biogeofísicas están constituidas por ecosistemas, los sistemas sociales están formados por las personas que interactúan con los ecosistemas, así como por las instituciones que regulan las relaciones tanto dentro del propio sistema social como entre éste y el sistema ecológico (Berkes et al., 2000).

El concepto de sistema socio-ecológico puede facilitar el estudio de las interacciones naturaleza-sociedad en el actual contexto de cambio global, ya que permite emplear la teoría de la complejidad para su estudio. A este respecto, los sistemas socio-ecológicos serían sistemas complejos adaptativos, estructurados de forma escalonada, sujetos a dinámicas no-lineares y con capacidad de auto-organización, como todo sistema vivo (Berkes et al., 2000; Lomas, 2023).

A pesar de la intención original de afrontar la separación entre naturaleza y sociedad (véase naturalismo), hay un amplio abanico de autores (e.g., Armitage et al., 2012; Cote and Nightingale, 2011; Davidson, 2010; Stone-Jovicich, 2015) que señalan que los distintos marcos en los que se ha trabajado con el concepto de socio-ecosistema con frecuencia tendrían una excesiva carga ecológica, es decir, que se apoyarían demasiado en el enfoque conceptual y teórico con el que se aborda el estudio y la caracterización de los sistemas ecológicos. Argumentan que el traslado de estos conceptos y teoría a los sistemas sociales no es tan directo como se presume en la práctica implícitamente, existiendo problemas conceptuales por el uso de metáforas con distinto alcance o con significados distintos dentro de cada disciplina. En este sentido, y frente al determinismo con el que caracterizan la teoría ecológica, estos autores sostienen que se pasaría de puntillas por dimensiones tan relevantes para la caracterización de los sistemas sociales como el poder, la competición entre sistemas de valores, la agencia humana o aspectos de tipo más normativo. Además, en el ámbito de esta crítica, también se señala que este marco ignoraría, al menos parcialmente, la discusión alrededor de la propia naturaleza y caracterización de los sistemas sociales entre disciplinas como la sociología o la antropología.

Bibliografía

Anderies, J. M., Janssen, M. A., & Ostrom, E. (2004). A framework to analyze the robustness of social-ecological systems from an institutional perspective. Ecology and society, 9(1).

Berkes, F., Folke, C., & Colding, J. (Eds.). (2000). Linking social and ecological systems: management practices and social mechanisms for building resilience. Cambridge University Press.

Glaser, M., Krause, G., Ratter, B. & Welp, M. (2008). Human-Nature-Interaction in the Anthropocene. Potential of Social-Ecological Systems Analysis. Preparation Paper for the DGH-Symposium. Human-Nature-Interactions in the Anthropocene: Potentials of Social-Ecological Systems Analysis, Sommerhausen, 29th–31st May.

Liu, J., Dietz, T., Carpenter, S. R., Alberti, M., Folke, C., Moran, E., … & Taylor, W. W. (2007). Complexity of coupled human and natural systems. science, 317(5844), 1513-1516.

Lomas, Pedro L., (2023), Complex social-ecological systems, pp. 75-80 in: Padilla Rosa, Emilio y Ramos-Martín, Jesús, (eds.), Elgar Encyclopedia of Ecological Economics, Cheltenham, UK: Edward Elgar Publishing.

Margalef, R. (1974). Ecología. Omega, Barcelona.

Odum, E. P. (2006). Ecology, the link between the natural and the social sciences. Oxford and IBH Publishing.

Odum, E. P., & Barrett, G. W. (1971). Fundamentals of ecology (Vol. 3, p. 5). Philadelphia: Saunders.

Pineda, F.D. (1996). Ecología I: ambiente físico y organismos vivos. Editorial Síntesis, Madrid.

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