Capitalismo verde

Alberto Fernández García 

Ante la grave crisis climática y energética, el capitalismo verde ha cobrado fuerza en el debate público. Según sus defensores, los mecanismos del mercado podrían solucionar de forma óptima los problemas medioambientales, con vistas a que la economía global se vuelva sostenible y libre de emisiones. Para muchos economistas, supone un nuevo paradigma económico, pues comprende un enfoque holístico donde se valora la naturaleza y se redefinen las bases del crecimiento. Thomas Friedman, uno de sus gurús, habla de una “revolución verde” que puede relanzar la inversión y el crecimiento a nivel global (Friedman, 2008). Luchando contra los problemas medioambientales, los países también solucionarán los suyos propios, en tanto la nueva economía verde supone una gran oportunidad histórica para solucionar los problemas de la “Era del Clima-Energía”. 

Hasta ahora, la naturaleza había sido marginada de la literatura económica; sin concepto propio, era excluida de los cálculos utilitarios y de los libros de contabilidad. Precisamente, el concepto de externalidad refleja esta carencia: el precio de un bien o servicio no refleja fielmente el coste o beneficio que implica dicha mercancía (Daly y Farley, 2008). Los efectos indirectos, como la destrucción de un ecosistema, suponen una externalidad en la que los costos son traspasados a la naturaleza -u otros agentes sociales- con todas sus consecuencias, sin que la empresa o el consumidor se hagan cargo de ellos. De esta manera, las externalidades invisibilizan todas aquellas cargas ambientales producidas por la actividad productiva, no cuentan en la contabilidad económica. Sin embargo, ante la grave emergencia climática, la sociedad global cada vez es más consciente de que dichas externalizaciones no pueden producirse de manera indefinida. En economía, surge el concepto de internalizaciones para reflejar en el precio de los bienes y servicios dichos costes (Daly, 1996) (véase externalización/internalización de los daños ambientales). 

El concepto de externalización evidencia un déficit de la teoría económica convencional en relación con la naturaleza. Esto ha dado lugar al desarrollo de una teoría del Capital Natural (Constanza y Daly, 1992). La naturaleza produce y nos brinda “servicios medioambientales”. A partir de ahora, la naturaleza pasa a ser valorada y conservada de manera sostenible, pues nos ofrece un flujo de recursos y servicios. Es decir, se trata de cuantificar monetariamente la utilidad de la naturaleza para así ser consciente de los costes-beneficios de estos servicios medioambientales. Por lo tanto, el concepto de capital natural puede ser definido como los stocks de activos naturales que incluyen la geología, el suelo, el aire, el agua y los seres vivos. El concepto de capital como factor de producción se vuelve así extensible a los flujos de bienes y servicios ecosistémicos que brinda la naturaleza. Al estar dotada de un valor, la naturaleza entonces debe de ser conservada: es el concepto de sustentabilidad, que se vuelve central en los modelos de crecimiento de la economía verde. Y la mejor forma de gestionar esto es conservando dichos flujos sin llegar a su agotamiento, poniendo ciertos límites a su explotación en función de su tasa de reposición o sin provocar daños a los ecosistemas de los que provienen. En algunos casos se ha producido una mercantilización y comercialización de este capital natural (Gómez y Ruiz, 2011). Un ejemplo serían las empresas dedicadas a la polinización. 

Por otro lado, los Estados y los organismos financieros buscan incentivar el desacoplamiento de sus economías mediante la vía de la internalización. Encontramos una de las medidas insignia del capitalismo verde: los mercados de emisiones de carbono (Moreno, 2012). El objetivo de esta medida es poner un precio a las emisiones de carbono con el fin de reducirlas, cumpliendo así con la máxima de “quien contamina, paga”. Para ello, se fija un techo límite de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) que en ningún momento puede ser sobrepasado por los tenedores de bonos. Al final del ejercicio, cada tenedor debe de entregar un número de bonos correspondiente al número de emisiones que ha producido. En caso de que se haya realizado un número de emisiones inferior, los bonos sobrantes pueden ser vendidos; y, al contrario, en caso de superarlos, el tenedor deberá de adquirir unos nuevos. De esta manera, se incentiva la inversión en tecnologías productivas renovables y sostenibles. La normativa europea sobre el mercado de emisiones está regulada en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea (RCDE UE), Directiva 2003/87/CE, y fue revisada en 2015 con la finalidad de cumplir los objetivos de reducción de emisiones fijados para 2030. 

La gran baza del capitalismo verde es el desarrollo tecnológico. La innovación y la difusión de nuevas tecnologías verdes permitirán producir un desacoplamiento del crecimiento económico con las emisiones de carbono (Fox, 2023). Surgirán nuevos mercados que conlleven nuevas tecnologías, en una espiral de inversión verde. Ante el impasse energético y ecológico, las nuevas oportunidades de valorización, sumados a incentivos como los mercados de emisiones, conllevarían un desplazamiento progresivo de las tecnologías contaminantes por otras renovables y verdes, que con el tiempo acabarían siendo más rentables para las empresas. Entonces, los propios mecanismos del mercado darían lugar a una “solución tecnológica” que sería el futuro motor del crecimiento verde. 

Estos son los caminos escogidos por los economistas a la hora de reformular la relación entre capitalismo y naturaleza con el objetivo de acabar con la grave emergencia climática global. Sus defensores pueden situarse en una perspectiva más intervencionista, que sostiene la importancia fundamental del Estado a la hora de dirigir la transición verde, de manera que los impuestos y las regulaciones sobre el mercado conlleven a la consecución de dicho objetivo; y una de corte más liberal, que defiende la desregulación del mercado para que surja la innovación y el emprendimiento individual. Pero a pesar de la diferencia en las políticas, ambas acaban coincidiendo en que capitalismo y mercado son las mejores vías para poner fin a la crisis climática, dibujando un escenario de futuro donde la economía del crecimiento es sustentada por las tecnologías verdes. Pero este crecimiento no sería únicamente cuantitativo, sino más importante, un crecimiento cualitativo que ponga el acento en el bienestar humano y natural. El máximo reflejo de esto son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (2023) establecidos por la ONU y que buscan transformar la economía mundial para que sea compatible con la naturaleza y la sostenibilidad (véase Desarrollo sostenible

Sin embargo, son muchos los escépticos con respecto a la posibilidad de un capitalismo verde. Principalmente, las críticas vertidas desde el decrecimiento (Kallis, 2015), se centran en señalar que ya no hay tiempo para que los propios mecanismos de mercado produzcan una transición hacia una economía global verde. Por el contrario, la urgencia de la catástrofe climática obligaría a una reducción de los niveles de producción y consumo que requerirían una transformación del sistema productivo (véanse Agroecología, Soberanía energética, Soberanía alimentaria) y cierta planificación económica. Se recalca la incapacidad de desacoplar economía y emisiones sin alterar los propios patrones del crecimiento, que siempre depende de niveles crecientes de producción y consumo (Tanuro, 2014). Otras críticas, en relación con lo anterior, desalientan el tecno-optimismo de los economistas para solucionar los problemas medioambientales. El capital siempre buscará explotar de manera optimizada las energías y tecnologías más baratas para acumular incesantemente. De hecho, lo que observamos es un reacoplamiento de algunas fuentes (ej: el carbón) y un crecimiento en términos absolutos de la demanda anual de teravatios-hora (Pineault, 2023). Este fenómeno es conocido como la “paradoja de Jevons”: las mejoras en eficiencia no se traducen en una reducción del consumo global, sino que lo acelera. La presión competitiva y el mercado, sostienen los críticos del capitalismo verde, no conllevan a un desacoplamiento bajo un marco ligado al crecimiento. 

Por último, encontramos las críticas que van más allá del ámbito económico y atacan la visión puramente antropocentrista del capitalismo verde. El concepto de capital natural reduce la naturaleza a valor, reproduciendo así el dualismo Sociedad/Naturaleza. Debido a estos presupuestos teóricos, la economía verde solo puede reproducir la explotación instrumental de la naturaleza, de manera que toda forma de ética o de justicia medioambiental es reducida al marco mercantil y a la “responsabilidad corporativa”. Ante estas limitaciones, surgen nuevas perspectivas que reivindican el valor propio de la naturaleza, como la ética de los cuidados o los modelos organicistas; también otras alternativas al modelo de bienestar asociado con el crecimiento, como el concepto del buen vivir. 

Bibliografía: 

Friedman, T. L. (2008). Hot, flat and crowded. Why we need a green revolution and how It can renew America. FSGBooks. 

Constanza, R. & Daly, H. E. (1992). Natural Capital and Sustainable Development. Conservation Biology, 6(1), 37–46. 

Daly, H. E. & Farely, J. (2004). Ecological Economics. Principles and applications. Land Press. 

Daly, H. E. (1996). Beyond Growth: The economics of Sustainable Development.  Beacon Press. 

D´ Alisa, G.; Demaria, F. & Kallis, G. (2015). Degrowth. A vocabulary for a new era. Routledge. 

Tanuro, D. (2014). Green Capitalism. Why It can´t work. Fernrwood Publishing. 

Moreno, C. (2012). La economía verde y los mercados de carbono, en VV.AA., Capitalismo Verde. Estudios Ecologistas. 

Fox, N. J. (2023). .Green capitalism, climate change and the technological fix: A more-than-human assessment. The Sociological Review, 71 (5), 1115-1134. 

Jackson, T. (2017). Prosperity without growth. Foundations for the Economy of Tomorrow. Routledge. 

Naciones Unidas (2023). Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible. 

Gómez, E. & Ruiz, M. (2011). Economic valuation and the commodification of ecosystem services”, Progress in Physical Geography: Earth and Environment, 35(5), 613-628.  https://doi.org/10.1177/0309133311421708 

Pineault, E. (2023). A Social-Ecology of Capital. Pluto Press. 

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