Agencia ecológica

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Sebastián Figueroa Rubio

Es común distinguir entre lo que ocurre y lo que hacemos. Asumimos que hay cambios en el mundo que no simplemente suceden, sino que tienen una direccionalidad específica y que son obra de alguien. En términos generales, agente es quien tiene las facultades para intervenir en el mundo. 

El ejercicio de la agencia supone un variado conjunto de capacidades, habilidades y disposiciones que se configuran y organizan de distintas formas. Esto se traduce habitualmente en que los agentes se manifiestan mediante un comportamiento no aleatorio en su interacción con su entorno. Más aun, este ejercicio se vincula con al menos tres cosas: 1) la posibilidad de actuar voluntaria e intencionalmente; 2) la posibilidad de comprender y dar cuenta del comportamiento propio y el de otros (en ocasiones, dando razones); 3) la expresión de la forma en que vemos y entendemos nuestra vida mediante el comportamiento (p. e. nuestros compromisos). En este sentido, el control vinculado a la agencia puede ser más o menos complejo e incluye la perspectiva de quien actúa (Moya, 2017 cap. 1), lo cual permite dar cuenta de la relación entre el comportamiento y la psicología de los individuos (Tomasello, 2022; Ferrero, 2021). En este entramado de cuestiones es donde se define el conjunto de motivaciones y formas de hacer que generan una forma de estar en el mundo, que diversas especies han desarrollado y que permiten a los individuos adaptarse y desenvolverse en una realidad cambiante. 

En términos muy generales, la atribución de agencia se puede realizar tanto a colectivos como a individuos. Sin embargo, esta entrada se ciñe a la agencia individual. A su vez, la dificultad de realizar la distinción individual/colectivo en las plantas hace aconsejable centrarse en la agencia humana y no humana en el reino animal, sin necesidad de negar la agencia de las plantas, ni que el análisis subsiguiente se pueda extender a ellas (Ryan, 2022).

Pensar la agencia en términos ecológicos supone considerar como constitutivo de la misma la relación del individuo con su entorno social y natural. Esto supone asumir que los individuos se desenvuelven en un ambiente del cual son dependientes (véase ecodependencia), no solo en el sentido básico de que su supervivencia está sujeta a dicho ambiente, sino en uno más complejo, según el cual el desarrollo de los diversos elementos de su agencia se define en y por ese ambiente.

Lo anterior tiene, al menos, dos consecuencias para la forma en que generalmente se ha reflexionado sobre la agencia. La primera es que difiere de la idea de que somos seres autocontenidos, presuposición común dentro del pensamiento moderno. Según la visión moderna, la agencia encuentra su principal manifestación en la autonomía individual, vinculada con la posibilidad de autoconstituirse y autogestionar lo que se hace, siendo clave para ello la independencia de otros. Esto ha llevado a una comprensión idealizada de la agencia humana (p. e. como agentes que siempre actúan racionalmente) y, a su vez, a defender la idea de que solo los miembros de la especie humana cuentan con las capacidades para ser agentes. Esto último puede entenderse como una variante del antropocentrismo.

La segunda consecuencia tiene que ver con el hecho de que en el pensamiento filosófico se han generado una serie de dualidades y diferenciaciones entre la especie humana y otras especies (García Rodríguez, 2023: cap.1), en las que los animales no humanos son vistos como máquinas y no como agentes. Al igual que buena parte de las corrientes posthumanistas (véase posthumanismo), la noción de agencia ecológica pone en duda estas dicotomías y abre la puerta a la atribución de agencia a animales no humanos de una forma más sofisticada de lo habitual, dando espacio a incorporar en dicha noción la complejidad de diversas formas de habitar el mundo. A continuación, se mostrará en más detalle cómo se manifiestan ambas cuestiones. 

Comenzando por el aspecto humano de la agencia ecológica, una primera cuestión a tener en cuenta es lo profundamente social que es la especie. Kevin Timpe ha desarrollado una visión ecológica que toma esto en consideración, indicando que debemos asumir que «las capacidades (de agencia) mismas o, al menos, un significativo subconjunto de estas capacidades, dependen de factores sociales y ambientales. Esto es, lo que un agente puede hacer depende, al menos en parte, de aquellos factores sociales y ambientales» (Timpe, 2019: 21). El autor ilustra esto con ejemplos de cómo se desarrollan ciertas habilidades básicas. Cita estudios que muestran cómo, en personas diagnosticadas de Parkinson, la aquinesia se manifiesta de diversas formas, dependiendo del contexto en que se ejecutan los movimientos. Cuando la persona debe iniciar por sí misma los movimientos, se encuentra con dificultades mucho más pronunciadas que cuando se hace en respuesta a una orden o en otros contextos que suponen interacciones socialmente mediadas. Otros ejemplos pueden hallarse en Gallagher (2020: cap. 2).

A ello hay que sumar que las interacciones dentro de una comunidad tienen tres rasgos significativos. En primer lugar, generan los contenidos acerca de cómo interpretar las acciones propias y las de otros. En segundo lugar, nuestra psicología se configura por el cultivo de la agencia dentro de una comunidad (Vargas, 2020). Por último, las sociedades generan estructuras simbólicas y materiales dentro de las cuales se generan los imaginarios en que se desenvuelven los individuos. 

Este tipo de relaciones se da en un torno más amplio que incluye a otros seres vivos y a la naturaleza en general (véase ecodependencia). Por una parte, desarrollamos relaciones más o menos intensas con otros animales y plantas (por ejemplo, a través de los diversos tipos de domesticación). Esto condiciona nuestro actuar y el marco conceptual en el que se desenvuelve la agencia. Por otra parte, la cultura en que se modela la agencia está inserta en un ambiente que marca sus límites y desafía la imaginación de sus miembros, influyendo en la actividad económica, religiosa, artística y ética, y configurando la forma mediante la que definimos y comprendemos los límites y consecuencias de nuestro actuar (Haudricourt, 2019). Esto, a su vez, lleva a prestar atención a las posibles consecuencias de nuestro actuar sobre el mundo (véase responsabilidad ecológica).

Teniendo en cuenta lo anterior, no es de extrañar que el comportamiento de los miembros de otras especies esté determinado por su socialización, su relación con otras especies y su entorno natural, así como a partir de sus capacidades cognitivas, motoras y comunicativas.  Estudios en primates desarrollados en las últimas décadas muestran que estos gozan de complejas habilidades sociales, de ciertos tipos de moralidad, de la capacidad de adoptar decisiones y de ejecutarlas tanto individual como colectivamente, así como de la posibilidad de llevar a cabo diversas formas de comunicación (Tomasello, 2022). Esto no se limita a aquellos animales más cercanos evolutivamente a los humanos, pues estas habilidades se encuentran presentes en muchas especies. Esto es especialmente claro entre los mamíferos, pero también en especies más lejanas como los miembros del grupo de los cefalópodos (Godfrey-Smith, 2016; Andrews & Beck, 2017).

El conocimiento que se ha ido adquiriendo acerca de otras especies muestra el desarrollo y ejercicio de complejas capacidades que les permiten desarrollar su agencia de diversas formas. A modo de ejemplo, es plausible considerar que muchas especies poseen conceptos complejos como el de la muerte (Monsó, 2021), lo que lleva a pensar que despliegan un comportamiento expresivo de duelo ante el fallecimiento de alguien con quien han desarrollado una relación afectiva (Clairy & Gruen, 2021: ch. 2).

La agencia se desarrolla dentro de diversas formas de vida. Se ha hecho referencia a interacciones entre miembros de la misma especie, pero los encuentros inter-especies definen también la forma en que estas habitan el mundo (Haraway, 2007). Algunas de dichas interacciones están ancladas en relaciones que han sido cultivadas por miles de años, como ocurre con la domesticación. La domesticación es un proceso que marca a todas las especies que participan del proceso, permitiendo, por ejemplo, configurar una división de tareas para el logro de actividades que forman parte de las diversas formas de habitar; división que se basa en las capacidades agenciales de animales de diversas especies. Las formas de vida se desarrollan dentro de socio-ecosistemas más complejos.

Estas interacciones y relaciones se dan en un ambiente natural, ya que las especies y sus interacciones forman parte de ecosistemas. Estos ecosistemas se configuran en elementos geográficos y climáticos que presentan diversos retos para las especies y los individuos. Estos se adaptan a y modelan su ecosistema por medio del ejercicio de su agencia. Por último, cabe indicar que los problemas de injusticia social, tales como la existencia de sistemas opresivos, impactan en estas interacciones y las vidas de miembros de distintas especies, al afectar a ecosistemas, como ocurre con las macrogranjas (Clary & Gruen, 2021; Zuñiga, 2023; véase justicia socio-ecológica).

Bibliografía

Andrews, K. & Beck, J. (eds). 2017. The Routledge Handbook of Philosophy of Animal Minds. Routledge. 

Crary, A. & Gruen, L. 2022. Animal Crisis. A New Critical Theory. Polity Press.

De Wall, F. 2016. Are we smart enough to know how smart animals are? Norton.

Ferrero, L. 2022. The Routledge Handbook of Philosophy of Agency. Routledge.  

Gallagher, S. 2020. Action and Interaction. Oxford University Press. 

García Rodríguez, A. 2023. El pensameinto de los animales. Cátedra.

Haudricourt, A. 2019. El cultivo de los gestos: entre plantas, animales y humanos (Haudricourt) /Hacer mundos con gestos (Bardet). Cactus

Haraway, D. 2016. When Species Meet. University of Minessota Press.

Monsó, S. 2021. La zarigüeya de Schódinger. Plaza y Valdés editores,

Moya, C. 2017. El libre albedrío. Cátedra.

Ryan JC. 2012. Passive Flora? Reconsidering Nature’s Agency through Human-Plant Studies (HPS). Societies. 2(3): 101-121.

Taylor, S, 2017. Beasts of Burden: Animal and Disability Liberation. The New Press.

Timpe, K. 2019. Moral Ecology, Disabilities, and Human Agency. Res Philosophica 93 (4): 767-796.

Tomasello, M. 2022. The Evolution of Agency. MIT Press.

Vargas, M. 2020. Vargas, M. (2020). Negligence and Social Self-Governance. En Mele, A. (ed) Surrounding Self Control. Oxford University Press: 400-420.

Zúñiga, D. 2023. To think and act ecologically: the environment, human animality, nature, Critical Review of International Social and Political Philosophy. 26 (4): 484-505.

Cómo citar esta voz: Figueroa, Sebastián, «Agencia ecológica», Glosario Speak4Nature: Interdisciplinary Approaches on Ecological Justice: https://www.speak4nature.eu/ [Última visita: xx/xx/xxxx]
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