ECODEPENDENCIA

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Irene Ortiz y Adrián Santamaría

Si se tuviese que hallar una palabra para indicar el rechazo de la condición ecodependiente del ser humano (en particular) y de nuestras sociedades (en general), una de las mejores candidatas sería la de «negacionismo», tal y como propone Riechmann (2021). A la luz de su taxonomía, puede decirse que, en nuestro presente, hay al menos tres formas distintas, tres niveles, de no asumir que la naturaleza y la sociedad están íntimamente conectadas. Después de un nivel cero de negacionismo (el del Holocausto), hallaríamos el nivel uno, que sería el rechazo a la evidencia científica que apunta a una crisis climática, en sentido restringido (negacionismo climático). A éste le sucedería uno más radical y amplio (nivel dos): el que «rechaza que somos seres corporales, finitos y vulnerables, seres que han puesto en marcha procesos destructivos de magnitud planetaria, y que hemos desbordado los límites biofísicos del planeta» (Riechmann, 2021, pp. 98-99). Finalmente, un tercer nivel aceptaría el diagnóstico esbozado sintéticamente unas líneas más arriba, pero sin asumir que las únicas soluciones viables son aquellas que están por fuera del sistema capitalista y el desarrollismo. El negacionismo del tercer nivel abrazaría, por tanto, la idea de que es posible llevar a cabo una huida hacia delante prometeica, apostando, así, por un futuro high-tech y de alta energía (el transhumanismo, como movimiento político e intelectual, es la máxima expresión de esta actitud).

El abrazo de la ecodependencia, por su parte, es también muy variado e implica posicionamientos plurales. Una primera forma de constatar que el ser humano es ecodependiente es decir que éste no puede ser visto como una entidad separada del medio en el que se halla. La vida humana, aparte de depender de los cuidados proporcionados por otros seres humanos, depende del ambiente en que se da, con lo que la representación de la primacía de la cultura frente a la naturaleza –donde esta última es un objeto subordinado a la demanda de los seres humanos, tal y como ocurre en las teorías clásicas del contrato social– quedaría, como mínimo, profundamente revisada. Otros autores, sin embargo, van más lejos por diferentes vías. Algunos de ellos, apelando a la «dependencia radical de todo lo que existe», afirman que ni siquiera sería deseable seguir manteniendo una distinción como la de ser humano y medio. La ecodependencia, en el nivel ontológico, sería tan radical que sería imposible disponer jerárquicamente a una entidad como la humana frente a su entorno, así como aislarla del resto de la naturaleza (que, además de rodearle, también le atravesaría). Un ejemplo gráfico de esto sería el de nuestra radical dependencia con el sistema bacteriano: el microbioma que somos nos enseña que la ecodependencia es absolutamente «íntima», de manera que es mejor pensarnos «como híbridos de humano y bacteria» (Riechmann, 2016, p. 27), tal y como mostró Lynn Margulis (Margulis y Sagan, 2003) (Sagan, 2014). Este hecho, a primera vista banal en el nivel micro, sería extrapolable al nivel macro, es decir, al nivel aparentemente «externo», a saber: a la relación metabólica entre la sociosfera, la tecnosfera y la biosfera. En torno a estas cuestiones orbita un debate a medio camino entre la ontología y la filosofía moral: el que distingue entre posiciones antropocéntricas, biocéntricas y ecocéntricas. 

Una aproximación ecodependiente, en términos generales, podría condensarse en la noción de que «no hay nada si no hay naturaleza en la que se sustente» (Hererro, 2022). Sin embargo, las formas de aterrizar este diagnóstico, así como las formas de abordar la situación de ecodependencia son, como se ha señalado, plurales y diversas, también en lo relativo a cuestiones de género. En el caso de los ecofeminismos, donde la presencia de la noción de ecodependencia es determinante, existen diferentes posturas que han enriquecido el debate.

Por un lado, desde una óptica esencialista, se tiende a atribuir a la Naturaleza características consideradas «femeninas», especialmente ligadas a la reproducción y los cuidados. La perspectiva esencialista reconoce el carácter ecodependiente de la realidad y otorga a la mujer un papel privilegiado en su relación con la Tierra. Desde esta perspectiva, el papel reproductor y de cuidados de la mujer (fundamental, también, para el asunto de la interdependencia) se vuelve central para poder explicar la unión entre la mujer y la naturaleza. La maternidad permitiría conocer a las mujeres de manera íntima e intuitiva los secretos y misterios de la naturaleza (Sagols, 2014, p. 117). En este contexto, la categoría de «cuidado» sirve para vertebrar la posición ética, que permite traspasar el umbral de los cuidados en el interior de la familia a una postura global que haga de la ecodependencia (y de la protección debida a la tierra por esta relación) su núcleo. En la relación de ecodependencia y cuidado de la tierra, la mujer adquiere un papel privilegiado, al poder establecer puentes entre la razón y la intuición, además del desarrollo del sentido de lo sagrado (Puleo, 2011, p. 40).

Por otro lado, podríamos hablar de una reivindicación de la ecodependencia dentro del ecofeminismo desde una perspectiva constructivo-cultural, que, en algunos casos, miraría de reojo a la Ilustración, mientras que en otros acabaría engarzando con las posthumanidades (véase posthumanismo). Más allá de las diferencias, se puede decir que, en lugar de establecer una unión entre la mujer y la naturaleza a través de una esencia compartida, esta perspectiva reivindica que el grado de unión y de dependencia con la naturaleza es exactamente el mismo para hombres y mujeres (Puleo, 2011, p. 45). La unión entre la mujer y los cuidados responde, aquí, a una cuestión histórica y contextual y no a la revelación de una esencia natural. En lugar de pensar la mujer universal, este tipo de ecofeminismos han permitido reivindicar posturas más interseccionales. Este sería el caso de Vandana Shiva, que ha introducido factores como el colonialismo, la clase o la raza en las relaciones de ecodependencia (Mies y Shiva, 1997). Con independencia de si el acento cae en el patriarcado, como hace Karen J. Warren en su ecoética (1997, 2000), o en las relaciones coloniales, como defienden Shiva y Val Plumwood (1993, 2001) (Sagols, 2014), lo central desde esta perspectiva es el debilitamiento del antagonismo entre hombre y mujer en clave esencialista, para situarlo en su contexto histórico-cultural. 

Así pues, una propuesta política que abrazase la ecodependencia y que tuviese en cuenta la perspectiva de género a la hora de abordarla pondría la vida en el centro, sin que este concepto fuese entendido en términos estrictamente humanos. Dicha propuesta política se plantearía no solo como la reproducción de una vida biológica al servicio del sistema productivo, sino como un verdadero desarrollo de la vida buena. A las consideraciones intramuros, que, en el mejor de los casos, darían cuenta de la interdependencia radical de todos los seres humanos al interior de la ciudad, habría que sumar las concernientes a lo extramural (Riechmann, 2016): o, dicho con otras palabras, a la relación metabólica entre la sociedad y la naturaleza, sin la cual aquella no podría subsistir. Los humanos, pues, además de interdependientes, serían, al mismo tiempo, «miembros de un equipo biótico» (Riechmann, 2016, p. 22). 

Bibliografía

Margulis, Lynn y Sagan, Dorion (2003), Captando genomas. Una teoría sobre el origen de las especies, Kairós, España.

Mies, María y Shiva, Vandana (1997) Ecofeminismo. Teoría, práctica y perspectivas, Icaria, Barcelona. 

Plumwood, Val (1993), Feminism and the Mastery of Nature, Routledge, Oxforshide. 

Plumwood, Val (2001), Environmental Culture: The Ecological Crisis of Reason, Routledge, Oxforshide. 

Puleo, Alicia (2011), Ecofeminismo para otro mundo posible, Cátedra, Madrid. 

Riechmann, Jorge (2021), “La fallida «revolución vernadskiana» (y bioeconómica) y nuestro ingreso en el delirio epistemológico”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global,  155, pp. 85-101 

Riechmann, Jorge (2016), Ética extramuros, UAM Ediciones, Madrid.

Sagan, Dorion (ed.) (2014), Lynn Margulis. Vida y legado de una científica rebelde, Tusquets, España.

Sagols, Elizabeth (2014), “El ecofeminismo y su expresión en la filosofía de Karen Warren. Una perspectiva ética”, ELSEVIER, 49, pp. 116-124, 10.1016/S0188-9478(16)30006-8

Warren, Karen J. (1997), Ecofeminism: Women, Culture, Nature, Indiana University Press, Indiana. 

Warren, Karen J. (2000), Ecofeminist Philosophy: A Western Perspective on What It is and Why It Matters, Rowman & Littlefield Publishers, Maryland. 

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