Violencia lenta
Gala Arias Rubio
El término violencia lenta (slow violence) fue acuñado por el ecologista sudafricano Rob Nixon en 2011 para hacer referencia a aquellos procesos de desarrollo progresivo lento en los que el daño que se ejerce impacta negativamente sobre la salud y el desarrollo económico y social de una población, a lo largo de una serie de años o décadas. Aunque la violencia lenta no se refiere exclusivamente a procesos de deterioro ambiental, muchos de los fenómenos que podemos englobar dentro de este concepto tienen una dimensión ecológica (véase Daño ecológico). El objetivo de proponer este término era nombrar y, por lo tanto, visibilizar, esos procesos que suelen mantenerse ocultos ante la opinión pública porque son consecuencias orgánicas del sistema capitalista y, además, carecen del efectismo y la atención que suscitan sistemas de violencia tradicionales como las guerras (véase Capitalismo y crisis ecosocial).
Este término se relaciona con otros conceptos acuñados previamente que hacen referencia a procesos de deterioro de las condiciones de vida de manera progresiva, o de perpetuación de injusticias que no están determinadas por el uso directo de la violencia, tal como la entendemos (directa, aguda, rápida, visible, manifestada de forma física), entre los que destaca el concepto de violencia estructural acuñado por Johan Galtung en la década de 1960. La violencia estructural se refiere específicamente a aquellas características de los sistemas políticos y económicos que favorecen la exclusión y la discriminación y perpetúan la desigualdad, como por ejemplo la dificultad de acceso a un sistema de salud pública eficiente para toda la población.
Hay una gran abundancia de ejemplos que sirven para explicar en profundidad el concepto de violencia lenta, muchos de ellos asociados a procesos coloniales en el llamado sur global, pero otros también en países occidentales. Aunque probablemente el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son los dos ejemplos más significativos, al ser procesos de desarrollo lento que impactan muy negativamente en las regiones y comunidades que menos responsables son de provocarlos, y cuyas muertes asociadas raramente se reconocen como directamente relacionadas con estos fenómenos, hay muchos otros ejemplos que podemos aportar para ilustrar este concepto. Por ejemplo, el desastre de Bhopal, ocurrido en 1984 en la India, que dejó más de 25000 muertos y 500000 heridos como consecuencia de la fuga de un gas utilizado en la producción de pesticidas de una planta industrial. Esta catástrofe tuvo enormes consecuencias de manera inmediata, pero también prolongada, que están afectando incluso a la siguiente generación, que no había nacido cuando sucedió, con daños para su salud respiratoria, neurológica y reproductiva que no paran de crecer, además de la contaminación de suelos y aguas subterráneas (véase Determinantes ecosociales de la salud). Conviene aclarar que, como en otros casos, no es la catástrofe en sí lo que consideramos violencia lenta, ya que ésta causó un gran número de muertos y heridos de manera inmediata, sino que son las consecuencias prolongadas en el tiempo las que pueden denominarse así. Bhopal es un desastre en curso cuyas víctimas no han recibido las indemnizaciones necesarias por parte de las sucesivas empresas responsables de la fábrica, como Union Carbide y Dow Chemical, y en el que nadie ha sido determinado responsable de lo ocurrido. Una de las supervivientes de la tragedia, Leela Bai, lo resume de la siguiente manera: “Una empresa extranjera vino a nuestro país a obtener beneficios, pero lo hizo a expensas de nosotros, gente pobre y vulnerable. Se salieron con la suya porque somos pobres” (citado en el artículo de Tulika Bansal de 2025). No en vano, Rob Nixon menciona a los “sujetos sacrificables” (disposable people) (2011, p. 4) como uno de los elementos clave de la violencia lenta y señala, asimismo, que el daño de la violencia lenta es acumulativo, es decir, que se ceba con aquellas comunidades más depauperadas o marginadas por cuestiones raciales, religiosas o de clase y sus terribles consecuencias se perciben a lo largo de una serie de escalas temporales (Nixon 2011, p. 2) (véase Zona de sacrificio). La catástrofe de Bhopal fue considerada por Amnistía Internacional (Amnesty International, 2024) como un ejemplo claro de racismo ambiental, otro concepto que se relaciona directamente con la violencia lenta y que hace hincapié en cómo, en todo el mundo, las minorías étnicas están proporcionalmente mucho más expuestas a contaminación ambiental que las mayorías (véase Justicia ecosocial).
Para ejemplificar este fenómeno es también pertinente rescatar el viejo axioma de Galeano (1971): “La pobreza del hombre *(y la mujer) como resultado de la riqueza de la tierra”. El añadido entre paréntesis y en cursiva es mío, porque la violencia lenta se asocia en muchos casos a procesos extractivistas (véase Extractivismo) que someten a las poblaciones nativas a desposesión, violencia tradicional y graves consecuencias ambientales, pero que tienen un efecto especialmente negativo en las mujeres. Es paradigmático el caso de los procesos extractivos en Perú a través de proyectos mineros de gran impacto ambiental que afectan notablemente a la salud de las mujeres campesinas y los niños que se quedan en los territorios, mientras que los hombres se van a trabajar en las explotaciones mineras o petrolíferas. Estas explotaciones provocan contaminación de acuíferos y de suelos que producen enfermedades en los niños, que los remedios tradicionales usados por estos pueblos no pueden curar, y afectan gravemente a la subsistencia de las comunidades nativas. Son las mujeres, que se dedican a cuidar de niños y ancianos y a trabajar el campo, las que deben sobrellevar, en mayor medida, estas situaciones (Silva, 2017). Por otra parte, esas explotaciones mineras, como otros atentados ambientales, son terreno abonado para la violencia contra las mujeres, por ejemplo, a través de la trata de mujeres y niñas para proporcionar servicios sexuales a los mineros (IUCN, 2020) (véase Ecofeminismo). Finalmente, muchos de estos procesos de desposesión en Perú y en otras partes del mundo acaban con desplazamientos forzados de las poblaciones a zonas urbanas, en la materialización última de lo que Svampa (2008) denomina “territorios vaciables” (véase Desplazamiento ambiental forzado).
Como afirma el propio Nixon (2011, p. 3, 8), la violencia lenta presenta una serie de retos: el científico, el legal, el político y el de la representación o comunicación. Para afrontar este último, las humanidades ambientales han demostrado un potencial enorme, ya que son capaces de ilustrar procesos de desarrollo lento o que se escapan de la escala temporal de la vida humana a través de las representaciones (véase Historia del arte ecológica). Asimismo, en una especie del círculo virtuoso, para la ecocrítica y las humanidades ecológicas este concepto ha resultado muy provechoso como herramienta de análisis de procesos cuyo marco temporal se prolonga entre un indefinido pasado presente y futuro, y que prolonga el daño ecológico hasta otras generaciones. Alrededor de este concepto podemos citar los trabajos de Schneider-Mayerson, que reclama las ficciones climáticas como vehículo de representación y comunicación de la violencia lenta que el cambio climático supone.
Bibliografía:
Amnesty International (2 de diciembre de 2024). India: Environmental Racism Enabled Forty Years of Injustice for Survivors of Bhopal Gas Tragedy. https://www.amnestyusa.org/press-releases/india-environmental-racism-enabled-forty-years-of-injustice-for-survivors-of-bhopal-gas-tragedy/
Arias Rubio, G. (10 de marzo de 2020). Mujeres y clima: los tantos porqués del ecofeminismo.https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/mujeres-y-clima-los-tantos-porques-del-ecofeminismo
Bansal, T. (2026). Bhopal Gas Tragedy: The Disaster Lives on in the Women of Bhopal 41 Years Later. https://behanbox.com/2025/12/02/bhopal-gas-tragedy-the-disaster-lives-on-in-the-women-of-bhopal-41-years-later/
Comisión para la Justicia Racial de la Iglesia Unida de Cristo (1987) Toxic Wastes and Race in the United States. https://www.nrc.gov/docs/ML1310/ML13109A339.pdf
Galeano, E. H. (1971). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI.
IUCN (septiembre de 2020). Gender-Based Violence and the Environment. Disponible en: https://iucn.org/resources/issues-brief/gender-based-violence-and-environment
Nixon, R. (2011). Slow Violence and the Environmentalism of the Poor. Harvard University Press.
Schneider-Mayerson, M. (2019). Whose odds? The absence of climate justice in American climate fiction novels. ISLE: Interdisciplinary Studies in Literature and Environment, 26(4), 944-967.
Silva, R. (2017). Mujeres y conflictos ecoterritoriales. Impactos, estrategias, resistencias. Lima, Perú. Disponible en: https://www.demus.org.pe/wp-content/uploads/2018/02/Mujeresyconflictos_Convenio.-2017.pdf
Svampa, M. (2008). La disputa por el desarrollo: territorio, movimientos de carácter socio-ambiental y discursos dominantes. En: M. Svampa. Cambio de época. Movimientos sociales y poder político (pp. 1-31). Siglo XXI.