Educación ecosocial

Carlos Gómez Chuliá 

La educación eocosocial parte de la constatación de la existencia de una crisis multisistémica (ecológica, social, cultural, política, económica), ampliamente corroborada por investigaciones científicas (véase Colapso ecológico). Esta crisis requiere poner en marcha una verdadera transformación ecológica, social y económica que vaya a la raíz de los problemas y que suponga asumir los límites planetarios. Es decir, la construcción de un nuevo paradigma que ponga en el centro nuestra ecodependencia e interdependencia. 

Como respuesta, la educación ecosocial persigue capacitar al alumnado para ser agente activo por la justicia social, la democracia y la sostenibilidad. Es un término amplio, que abarca también miradas que en ocasiones se presentan con identidad propia, como la feminista o la de la educación inclusiva y engloba elementos tan aparentemente dispares como el cuidado al profesorado, la formación integral de la persona o la preparación para construir justicia social en contextos marcados por la crisis ecosistémica. 

La educación tiene una dimensión individual y otra colectiva. La dimensión individual pretende dotar al alumnado de los conocimientos, habilidades y actitudes, en definitiva, de los desempeños necesarios para que satisfaga sus necesidades y, con ello, pueda tener una vida plena y digna. Estas necesidades no son solo de subsistencia, sino más amplias, como afectivas, de protección, de entendimiento y otras (Max Neef, 2006). La dimensión colectiva busca facilitar la base de aprendizajes necesarios para que las sociedades mejoren. Desde una perspectiva ecosocial, las mejores sociedades son aquellas sostenibles, justas y democráticas en sentido pleno. Por ello, no es suficiente dotar al alumnado de unas excelentes competencias lingüísticas, digitales o científicas, sino motivarlo y capacitarlo para que las use para la mejora social. Es decir, formarle para que pueda ser, si quiere y sus circunstancias personales lo permiten, un agente capaz de ayudar a que nos articulemos colectivamente de forma democrática para satisfacer universalmente nuestras necesidades sin depredar el entorno. 

Bajo una mirada ecosocial, las dimensiones individual y colectiva del aprendizaje no son incompatibles, sino complementarias: solo es posible tener vidas individuales plenas si existe un equilibrio socioambiental, un equilibrio que se construye a partir de herramientas de satisfacción de las necesidades sostenibles, justas y democráticas. Un corolario de esto es que la educación ecosocial no es un complemento, sino un elemento central de la formación. 

Esta mirada dual de la función de la educación no afecta solo a los sujetos, sino también a los tiempos. Por un lado, la educación debe fijarse en cómo es el presente y detectar qué competencias son necesarias y deseables en la sociedad actual. En la actualidad se vuelven significativos elementos clave como la inclusión, la gestión de la diversidad o la visión holística y crítica (Booth y Ainscow, 2015; Echeita, 2019). Al mismo tiempo, y con la misma importancia, debe proyectar el futuro, pues una de sus funciones centrales es dotar a quienes se educa de muchas de las competencias básicas que necesitarán para tener vidas dignas. Por lo tanto, para aspirar a una educación de calidad es fundamental prever los escenarios por venir a partir de la información científica más sólida disponible, aun sabiendo que es imposible adivinar el futuro. Aquí la mirada ecosocial vuelve a ser relevante, pues la crisis global y multidimensional que atravesamos dibuja un porvenir muy distinto al presente y al pasado, es decir, inevitablemente, un mundo con otro orden político, económico y cultural (Véase Colapso ecosocial). De este modo, la capacitación para articular sociedades justas, realmente democráticas y sostenibles emerge como un horizonte más determinante si cabe en el futuro. Nuevamente, lo ecosocial no puede ser un adorno, una guinda en el proyecto educativo, sino algo central que lo atraviese todo. 

Para que lo ecosocial sea central en un proyecto educativo, es necesaria una integración profunda de esta mirada en el currículo escolar. Es en este ámbito donde se encuentran los mayores procesos de transformación.­ Desde los contenidos curriculares, hasta las estrategias metodológicas y la evaluación, la educación ecosocial atraviesa por completo todo el diseño curricular para formar parte esencial del proceso de enseñanza aprendizaje.  

Desde una mirada integral ecosocial, la enseñanza se sustenta en una serie de aprendizajes que se aglutinan en ocho grandes bloques. Estos bloques de aprendizajes convendría que atravesaran por completo el diseño curricular de las distintas áreas disciplinares cuando se diseñan situaciones de aprendizaje, complejizándose de una manera secuencial en los sucesivos cursos.   

El primer bloque de aprendizajes se basa en una concepción profunda de la ecodependencia. Esta concepción puede estar asociada a una veneración de la trama de la vida y al sentimiento de pertenencia a la comunidad planetaria (Herrero, 2011). Esto implica no centrarse en el bienestar del ser humano a costa de los equilibrios ecosistémicos, sino en el bienestar del conjunto de la vida, que es lo que conllevaría, en definitiva, una concepción ecocéntrica. 

El segundo bloque de aprendizajes se centra en el funcionamiento de la biosfera. Como punto de partida se muestra que los sistemas complejos (como las sociedades, los seres vivos, los ecosistemas o el sistema-Tierra) no funcionan “como un reloj”. Su funcionamiento es orgánico, no mecánico (véase Organicismo y Mecanicismo). Puesto que dependemos de los ecosistemas y sus capacidades son cualitativa y cuantitativamente superiores a las humanas, es lógico que adaptemos nuestra economía a cómo funcionan los flujos materiales y energéticos en la trama de la vida (Riechmann, J. 2014), en una suerte de “biomímesis”, como ha hecho la especie humana a lo largo de la mayor parte de su historia (véanse Metabolismo social y Economía ecológica). 

El tercer bloque habla de la crisis civilizatoria. En el plano ambiental destacan el caos climático, la pérdida masiva de biodiversidad y el agotamiento de las principales fuentes energéticas (los combustibles fósiles) y materiales (distintos minerales). En el social, el aumento de las desigualdades, la erosión democrática o la crisis de los cuidados. Y en económico una crisis estructural en la capacidad de sostener el crecimiento de nuestro sistema, lo que le aboca a crisis profundas. Ante una crisis de ese calado se hace indispensable reformular de manera profunda nuestro orden social y su interacción con el resto de los ecosistemas, poniendo en marcha medidas que vayan a la raíz de los problemas, pues las paliativas son insuficientes en este momento histórico. Un ejemplo de aprendizaje de este bloque sería ‘reconocer las tasas actuales de extinción de especies y la degradación de ecosistemas como un problema urgente a poner freno y saber cómo hacerlo’. 

El cuarto bloque de aprendizajes ecosociales trata sobre agentes de cambio. La clave es interiorizar que la ciudadanía organizada es un actor social capaz de impulsar cambios económicos, políticos y culturales. Las transformaciones ecosociales se articulan alrededor del desarrollo de la empatía y del pensamiento crítico. 

El quinto bloque pone el foco en el desarrollo como persona y como comunidad. Para el bienestar humano, tener relaciones sociales de calidad es totalmente determinante. Dependemos de los cuidados que recibimos (tareas domésticas, apoyo emocional, atención a la diversidad funcional, etc.) a lo largo de toda nuestra vida. Necesitamos por tanto una ética del cuidado, aprender a cuidar de una forma corresponsable y facilitar la reconstrucción de los vínculos de cuidados entre todas las personas y seres vivos y que estos no recaigan fundamentalmente en las mujeres, como sucede en la actualidad (Pérez Orozco, 2014) (véanse Ecofeminismo y Ética de los cuidados). 

El sexto bloque es el que reflexiona sobre la justicia desde la concepción de que es el orden social en el que todas las personas pueden satisfacer sus necesidades sin degradar los equilibrios ecosistémicos (Fernández, R., González, 2018). Como esta satisfacción universal muestra nuestra interdependencia y ecodependencia, ambos son términos relacionados con la justicia (véase Justicia ecosocial). No existen unos sin los otros. Superar las injusticias requiere cambios sociales que pasan, en primer lugar, por conocer cuáles son las estructuras (políticas, económicas y culturales) que mantienen las desigualdades. Pero no solo eso, sino que también es imprescindible conocer y saber poner en marcha otras experiencias de organización socioeconómica. Sin hacer esto, lo que educaríamos es en la resignación ante las injusticias y lo que pretendemos es su eliminación, lo que es posible. 

A la relación entre interdependencia/ecodependencia y justicia, se le une la democracia, pues para que exista justicia, la democracia es indispensable. El séptimo bloque se centra en la democracia. El elemento central es el reparto del poder de forma que sea un poder “con” y no un poder “sobre”. La mirada democrática además requiere una mirada intercultural. La mirada democrática requiere una mirada intercultural, pues resulta necesario dialogar de manera rica, compleja y crítica entre los distintos territorios, culturas y cosmovisiones. Es más, en un mundo atravesado por la globalización y la crisis ambiental, la democracia debe reconfigurarse, pues tiene que incluir en la reflexión y toma de decisiones la opinión de quienes no pueden darla porque no han nacido, viven a miles de kilómetros o son otros seres vivos, pero pueden sufrir las consecuencias de dichas decisiones. 

Por último, la educación ecosocial incluye aprendizajes sobre técnicas ecosociales, este sería el octavo bloque. Se entiende como necesaria una revisión crítica de la tecnología que contemple aspectos relevantes como su falta de neutralidad, la demanda energética y material que llevan asociadas, o su papel trascendental en el control social (Almazán, 2021). Se propone potenciar aquellas técnicas que no socavan las posibilidades de vida digna para todas las personas y la sostenibilidad del planeta, y que son controladas por la sociedad de forma democrática. 

Bibliografía: 

Booth, T. & Ainscow, M. (2015). Guía para la educación inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares. FUHEM y OEI. 

Díaz-Salazar, R. (2016). Educación y cambio ecosocial. Del yo interior al activismo ciudadano. PPC. 

Fernández, R. & González, L. (2018). En la espiral de la energía. Libros en Acción y Baladre. 

González, L. (Ed.). (2018). Educar para la transformación ecosocial. FUHEM. 

González Reyes, L., Gómez Chuliá, C. & Morán Cuadrado, C. (2022). Educar con enfoque ecosocial. Análisis y orientaciones en el marco de la LOMLOE. FUHEM. 

González Reyes, L., Gómez Chuliá, C. & Morán Cuadrado, C. (2023). Saberes básicos ecosociales. FUHEM. 

Kimmerer, R. W. (2021). Una trenza de hierba sagrada. Capitan Swing.  

Herrero, Y., Cembranos, F. & Pascual, M. (Eds.). (2011). Cambiar las gafas para mirar el mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad. Libros en Acción.  

De Castro, C. (2019). Reencontrando a Gaia. A hombros de James Lovelock y Lynn Margulis. Ediciones del Genal.  

Riechmann, J. (2014). Un buen encaje en los ecosistemas. Libros de la Catarata. (2ª Ed. de Biomímesis) 

Riechmann, J., González Reyes, L., Herrero, Y. & Madorrán, C. (2012). Qué hacemos frente a la crisis ecológica. Akal.  

Max-Neef, M. (2006). Desarrollo a escala humana. Icaria.  

Pérez Orozco, A. (2014): Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Traficantes de Sueños. Madrid. 

Herrero, Y. (2022). Educar para la sostenibilidad de la vida. Octaedro.  

Morán, C. (2023). La nueva cultura de la Tierra. Libros en acción. 

Almazán, A. (2021). Técnica y Tecnología. Taugenit. Madrid. 

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